sábado, 31 de marzo de 2012

Historia de una foto


Como todos los años hago mis pinitos en la Revista "Jerusalen" de mi cofradía. Os dejo el artículo y dos vídeos a modo de razones para que un año descubráis en primera persona la Semana Santa de Úbeda



"La Marcha Real" rompe el silencio atronador con el que los nervios y la impaciencia de cada año le gritan al niño que jamás dejaremos de ser que por fin es Semana Santa. Hace media hora que un intento de guión desorganizado se rearma en el patio del colegio. Quedan caras aún sin ser coronadas por esa joya en forma de capirucho de cartón que tantos Domingos de Ramos lleva coronándote y portas por las renacentistas calles empedradas de una ciudad que o bien te vio nacer o bien decidió adoptarte sin importar el punto de procedencia. Se encienden los últimos cigarrillos a los que las caladas nerviosas no consiguen sacar lustre. Se escuchan tambores descansar en el suelo, cornetas que lanzan notas al aire cargadas de responsabilidad y horas de ensayo, golpes de bombo con los que descargar la tensión de espera que dura 365 días… Los príncipes de cada casa corretean por el patio, ajenos aún a todo lo que supone la maravillosa rutina de cada tensa espera, mientras el dobladillo de sus capas aumenta en un intento desesperado de seguir el crecimiento acelerado de las edades tempranas. Los más pequeños buscan consuelo en un hombro de algún familiar querido al que dentro de unos minutos dejarán de conocer cuando el raso del capirucho tape el familiar rostro sobre el que descansarán en su desfile y escuchen como la voz amiga les muestra su primera procesión que uno jamás recordará pero que el otro no podrá olvidar. Te alisas la capa que crees que brilla más que nunca azotada por los rayos de sol de una tarde de primavera que dentro de poco coqueteará con la luna; centras el cordón arrosariado con el que intentas llevar las cuentas de tantos Domingos de Ramos vividos; te ajustas el cono de cartón que te abraza el rostro inicialmente pero que con casi toda seguridad terminará dejándote una adictiva cefalea. Cuadras tus vidriosos ojos en los ojales desprovistos de tela y viertes la última mirada que sueles reservar para un cielo que siempre parece amenazar en esta semana del año pero en el que crees ver en esta ocasión a un amigo que te dará una tregua. Rezas una mecánica oración que sientes como hacía tiempo que no lo hacías, coges la palma o el enser que tienes a tu cargo y esperas a que el jefe de banda entone los primeros acordes que avisan del rumor con el que la banda empieza a tocar en el interior del templo. Se abren por fin los portones de La Trinidad que creías anquilosarse en la impaciente espera de cada año. Huele a pólvora, a petardo que con estruendo anuncia que por fin es Semana Santa y das el primer paso mientras escuchas el raseo de tus pies sobre el frío suelo sombrío de la Iglesia.

Y de repente, "La Marcha Real" formaliza el comienzo de la semana de la pasión con la que todos volvemos a creer. Desfilan los primeros penitentes, las capas que más adelante besarán el suelo se mecen por la brisa de Abril. El populacho que se arremolina enfervorecido hasta abarrotar la Plaza de Andalucía desenfunda sus teléfonos móviles y cámaras de vídeos y fotos mientras empiezan a grabar las primeras marchas.

Pero en medio del gentío está el protagonista de esta historia. Con su peinado tan cuidado que simula la viva imagen de la improvisación, con su look tan equidistante a los de estos meridianos, con su tinte ictérico de piel, con sus ojos rasgados con los que parece hacer un guiño eterno a un sol que corona desde lo bajo de la Corredera; con esa eterna sonrisa que ha perdido amplitud para hacer hueco a la inquietante sorpresa con la que se encuentra de bruces. Ese perfecto desconocido al que muchos miran pero del que nadie sabe su historia que tras mucho leer, escuchar y ver algún documental decidió ser narrador en vez de receptor y estar aquí, perdido en la inmensidad de una Úbeda que deja de mirarse acomplejada el ombligo para desperezarse de un indolente ocaso.

Él que no entiende ni una palabra de español, que llegó hace unos días a la frenética terminal de Barajas. Que siguió las indicaciones de algún foro y cogió el Talgo que le llevó a la Estación Linares-Baeza, esa musa sabiniana para la que cualquier tiempo pasado fue mejor. Que aguardó con una educación encomiable la cola para sacar el ticket de un autobús con el que llegó hace unos días a una ciudad que no ha dejado de sorprenderle y enamorarle por todos los sentidos: que ha apreciado el sabor de sus platos típicos, que ha visto la colosal inmortalidad en forma de cuna del Renacimiento, que escucha atónito la música fabricada por esos instrumentos de metal a los que él sería incapaz de sacar tan sólo un acorde, que huele la mezcla del Domingo de Ramos de palodú y petardo, que siente sentirse en casa tan lejos de ella…

Salen los primeros penitentes y una risa nerviosa se dibuja en su rostro mientras llama la atención de su pareja mostrando el capirucho que desafía las leyes de la gravedad que él conoce. Respira hondo como intentando patentar el aroma del Domingo de Ramos; cree emocionarse cuando el frontal dorado del paso asoma por la puerta, cuando termina su maniobra y enfila la cuesta que le llevará a encontrarse con un pueblo que lo está esperando. Siente que está sentado a lomos del borrico que jamás había visto antes y es en ese momento cuando descubre ese rostro que cada Domingo de Ramos enamora a Úbeda y se da cuenta que su destino era estar allí en ese mágico momento que le acompañará el resto de sus días. Se le olvida respirar mientras es incapaz de desenfundar la cámara con la que inmortalizar ese encuentro y mueve lenta y mecánicamente la cabeza mientras el titánico trono pasa por su lado. Quiere gritar, aplaudir, llorar…pero mira a un alrededor ya acostumbrado a la bofetada con la que la estampa les golpea cada Domingo de Ramos mientras recompone una mandíbula desencajada por el tremendo derechazo que acaba de recibir mientras aprieta la mano de su mujer intentando compartir la sensación vivida.
Y es justo en ese momento cuando nuestras anónimas miradas (la mía por ir detrás del capirucho y la suya por ser desconocido en estas latitudes) se encuentran durante unos instantes. Quizás le haya llamado la atención el pendón de cuero que porto concentrado en no perder el equilibrio mientras el viento me golpea de costado, o quizás el dorado impoluto de mi capa (gracias al trabajo que nunca agradecemos no se si por dejadez o porque no encontramos la forma de hacerlo de mi madre), pero el caso es que soy víctima de su cámara de fotos que por fin sale de su letargo. Mientras enfoca con su ojo derecho cerrado creo ver su mirada oriental al otro lado del objetivo…Pienso en su historia, en qué habrá tenido que hacer y a qué habrá tenido que renunciar hasta llegar al punto en el que estamos. Me cuadro para la foto como queriendo agradecer que haya dedicado esfuerzo, tiempo y dinero en acompañarnos en este día que para mí y para él será inolvidable hasta que recibo el ataque del destello del flash con el que me deslumbro durante unos segundos mientras me pierdo durante unos instantes en el diván de mi mente y me felicito de la tremenda suerte que tengo por poder hacer de cada Domingo de Ramos una historia digna de contar, de ser escuchada, de ser protagonista de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalem a lomos de ese cansado borriquillo que ya está intentando encarar El Real y que vivo en primera persona del plural. Me abandono a la tremenda suerte de ser gota del tremendo océano de una cofradía pequeña, humilde pero eterna.

Consigo enfocar de nuevo el iris y cristalino aturdidos aún por el flash del protagonista de esta historia al que ya he perdido de vista e incluso olvidado mientras centro mis esfuerzos en tres penitentes delante mía y en esa cabellera poblada y alborotada de oro de mi sobrino que me devuelve a lo lejos su inmensa mirada azul mar mientras juega con la borla del capirucho de mi padre. Lo veo jugar, desprovisto de la maldad que nos persigue, como si fuera un ángel caído del cielo y me vuelvo a perder, disfrutando de su perfecta carita, en la suerte de poder disfrutar cada año de estos insignificantes momentos que traigo a mi mente en noches como esta que escribo.


"Camina, camina con esperanza en tu corazón
y nunca caminarás sólo"



March fatale

El calendario por fin marca el día 31. Ha sido un mes duro, durísimo, posiblemente el más duro desde que este blog arrancó Marzo que parecía un oasis primaveral se ha convertido en una tirana mensualidad de responsabilidades que me han planteado más de un jaque amenazante de mate.

Un reguero constante de responsabilidades sumatorias que han ido adquiriendo galones para gobernar en medio del caos.

Dos fines de semana con Máster de Economía de la Salud, otro con las prácticas del curso de Urgencias, dos domingos con guardia, con exámenes y trabajos a doquier para completar una formación ya de por sí saturada, algún que otro curso de portalEIR, la entrega contrarreloj del trabajo de R3, la ola revolucionaria del recorte de guardias, ser elegido como vocal de residentes...reuniones públicas con compañeros de residencia y privadas con dirección médica... un etcétera con principio pero sin final acentuado por el ascenso en mi Centro de Salud en el que por una baja laboral de mi tutora ascendí a Adjunto, a juez y parte: responsable en primera persona de la consulta, de las embarazadas, de la inserción y retirada del implante anticonceptivo...

Marzo, mes festivo que espera la llegada de la primavera y el día de mi 28 cumpleaños...Marzo, que este año esperaba con un puñal escondido para clavar en la espalda. Marzo, ese frenético mes que por fin parece espirar. Y por fin en casa, en Úbeda, con mi gente y esperando una Semana Santa que amenaza con lluvia...

sábado, 24 de marzo de 2012

Recomendaciones...y jornada de reflexión

De vez en cuando me tomo la libertad de hacer alguna recomendación de algo que creo merecer la pena.
Hoy os doy dos consejos, una película y un libro



Película
INTOCABLE: ayer por la noche hice una gran inversión comprando la entrada para esta película. 110 minutos para reír y emocionarte. Una obra maestra humilde y demoledora, sensible. Te guste o no el cine y sea cual sea tu género preferido, esta película francesa te encantará.

















Libro
EL HOMBRE QUE QUERÍA SER VALIENTE de Nicholas Evans: una historia de historias sobre los grandes secretos que pueden devastar vidas y familias enteras. Una novela liviana que te engancha y seduce con las historias entrelazadas. Lectura agradable y llevadera que deja un buen sabor de boca






Posdata:
Mañana hay elecciones autonómicas en Asturias y Andalucía (de donde sabéis soy). No voy a promover masas ni a movilizar votos...pero hoy en plena jornada de reflexión esta cabeza se me ha venido a la cabeza...No me preguntéis por qué...


sábado, 17 de marzo de 2012

Cansado de estar harto


(Málaga 17 de Marzo de 2012)

Esta es la historia de un afortunado, de un triunfador; de un conquistador de metas inmediatas en busca de la definitiva, la última, la que siempre pareces tocar para finalmente escapar entre tus manos. Esto que aquí comienza pudiera ser el relato de alguien al que la vida le parece devolver siempre una sonrisa…esta es mi historia que quiero hacer pública.


Me llamo Juan Toral Sánchez y me acerco a velocidad de crucero a los 28 años. Nací un, para mí ya lejano, 22 de Marzo en Úbeda, un pueblo que se hizo ciudad amamantando el Renacimiento que mira al Sur. El primer guiño que me regaló la vida fue darme la familia con la que me premió. Unos padres modélicos para lo bueno y para lo malo, con sus riñas y muestras de cariño constantes, con sus miedos copiosos y sus alegrías inmediatas, con su poca arena entre tantísima cal para fortificar un coto privado de puertas abiertas. También me dio una hermana mayor intachable que me enseñó el camino a seguir y me hizo todo más fácil; unos primos que fueron amigos con los que jugar todos los domingos memorables en la casa de mis abuelos mientras recibíamos abrazos y atenciones por cada maceta que rompíamos con la pelota.
Una vida que me dio una niñez sana sin sobresaltos, donde tuve la tremenda fortuna de hacer amigos para toda la vida, que pese a la distancia milenaria que nos separa, seguimos en contacto buscando fechas para reencontrarnos y brindar con la eterna penúltima cerveza.
Que me premió con una infancia tan feliz que aún ahora con el paso de los años la recuerdo con una sonrisa dibujada en mi cara.
Sin tener en abundancia, jamás me faltó de nada. No fui un niño caprichoso pero siempre tuve todo lo que necesité (y más).
Con una inteligencia que creía a prueba de bombas fui sacando curso por curso con todo sobresaliente hasta el bachillerato de donde salí con una matrícula de honor que aún descansa en mi habitación natal.
Esa misma inteligencia que vio tambalear unos cimientos que realmente no eran tan fuertes perdiendo su confianza en los seis años (a curso por año pero con periodos que fueron de Septiembre hasta Septiembre, por los novedosos suspensos que fui acumulando) de carrera que estudié en la lustrosa pero deficiente Universidad de Granada para salir con un título, el de Medicina, pero sin oficio ni beneficio, harto de estudiar y pasear fonendo por pasillos de facultad y hospital sin nada que escuchar.
Seis años de carrera premiados con becas de estudio hasta que dinosáuricas asignaturas de 20 créditos  se cruzaban en mi camino y ni en Septiembre encontraban consuelo. Años con la tranquilidad de tener unos padres que me respaldaron económica pero sobre todo anímicamente, que jamás reprocharon nada y que siempre encontraban palabras de ánimo ante el tropiezo a modo de examen de infausto recuerdo. Años en los que sin ser obligado, me autoimpuse la necesidad de compaginar algún trabajo de fin de semana como camarero o en los calurosos y secos veranos de Úbeda de mozo de almacén en un Centro Comercial.

Yo, ese afortunado que se enfrentó a una oposición llamada MIR para sacar plaza y elegir hacer Medicina Familiar y Comunitaria en Málaga, en el “prestigioso” Hospital Carlos Haya del que tanto había escuchado hablar.
El mismo que el 20 de Mayo de 2009 firmó su primer gran contrato que me hace ser un privilegiado: cuatro años de residencia para formarse, aprender (tras siete años de estudio previos que parecen caer en saco roto), lidiar con situaciones incómodas y recompensas inimaginables. Aprender, disfrutar, sufrir con unos pacientes que me han hecho llorar de alegría y de tristeza. Que he salvado vidas y otras no he podido rescatar, que he dado buenas y malas noticia, que me he torturado ante los fallos percibidos y que me he alegrado por mis efímeros éxitos que tan pronto quedan atrás en este atroz mundo de la Medicina.

Yo que he tenido la suerte que muchos de mis amigos no han tenido. Que disfruto de un, hasta la fecha, tranquilo periplo de cuatro años con trabajo fijo nada más terminar la carrera. Que hasta la fecha no tengo miedo de actualizar la cuenta bancaria por temor de no haber cobrado. Que hasta la fecha he disfrutado de un competente (pero también mejorable), periodo de formación con rotaciones, guardias, cursos… Yo, que hasta la fecha no había visto la opción de trabajar en el extranjero como una alternativa sólida, como otros amigos míos (brillantes en diplomaturas y licenciaturas de muy diversa índole) han tenido que hacer para emigrar a países como Japón, Alemania o Reino Unido para buscar un reconocimiento que aquí no le daban social ni económicamente.

Yo que por fin me siento médico pese a tener el título desde 2008. Que siento que cada vez domino más cosas y con más seguridad, que me siento útil para una sociedad bipolar que venera con la misma facilidad que lapida al escaparate público del día a día en las Urgencias de un Hospital o en la consulta de mi Centro de Salud.

Servidor que ha ido cargando una mochila a la espalda en la que poco a poco ha ido echando piedras. Que he puesto buena cara al mal tiempo. Que he intentado argumentar con todo aquel que me ha dicho con aire, con sorna o con muy mala educación que me pagan gracias a sus impuestos (a mí no deben retenerme dinero para pagar sanidad, educación, bajas…). Que he intentado hacerles ver a mis amigos que mi vida no es siempre como la visión que dan las series de televisión sobre médicos, que pese aunque lo pueda parecer no estoy todos los días de juerga ni comilonas, que también estudio, trabajo e incluso puedo llegar a acumular más de 70 horas semanales. Que intento acallar cuándo me echan en cara que me pagan por dormir en una guardia (nunca más de cuatro horas aun siendo una guardia de las llamadas buenísimas) o que incluso tengo una hora para comer. A éstos que les intento explicar la carga que supone estar en primera línea de combate, en el cuerpo a cuerpo de un paciente tras otro, de escuchar historias, preocuparte por ellas para una vez que les das el alta intentar olvidarlas para siempre.
Que les intento argumentar que una guardia no está pagada mientras se escandalizan y me tratan por loco y me echan en cara que no estarán tan mal cuando hago alguna de más si puedo. Los mismos que se ciegan por la cifra global con dos ceros pero no ven que los 12 € por hora aún se reducen más cuando la nómina resta los dividendos de los impuestos. Que no llegan a comprender que mientras cobro ese billete rojo que tan pronto se gasta, puedo estar tratando algún infarto de corazón, de alguna persona que bien pudiera ser mi padre o el suyo, o que tengo que estar intentando calmar al preocupado usuario que decide buscar solución a su patología urgente que lleva meses con ella  (por ejemplo dolor de rodilla sin traumatismo previo) a las seis de la madrugada y pese a las 21 horas que llevas trabajando intentas atender con profesionalidad.
De explicar que pese aunque lo crean, ni soy, ni me estoy haciendo rico con mi trabajo, que no tengo la vida resuelta. Que gano 953 € de sueldo base, y que o si me obligan o si consigo hacer 5-7 guardias puedo llegar a ganar, nunca más, de otros 1.200€.

Yo, que parece que tengo que estar pidiendo perdón por ser un “privilegiado”, por haber tenido la suerte de tener a unos padres que con su sacrificio y trabajo diario como administrativo y ama de casa me pagaron unos estudios, por tener la suerte de llevar estudiando hasta llegar a ser lo que hoy soy. Justificar la injustificable suerte de tener un trabajo que día a día intento sobrellevar, de ser un residente de tercer año, el eslabón más débil de una cadena que empieza a hacerse añicos

Pero ya, damas y caballeros (casi amig@s diría si aún seguís leyendo estas palabras), me he cansado de al mal tiempo buena cara. Estoy harto de discursos estériles, de palabras mudas sobre un estrado por políticos corruptos que defienden con uñas y dientes el tremendo solar que han construido en torno al falso parlamento bipartidista que han conseguido camuflar. Harto de sueldos vitalicios sin ton ni son de personas elegidas a dedo en ocasiones sin estudios que por ocupar unos meses un puesto reciben sueldos millonarios de por vida. Harto de la ineptitud al cuadrado, de la falta de previsión, de ideas, soluciones y de valores. Cansado de ver como en vez de intentar reconducir un barco que navega a la deriva se siguen llenando los bolsillos al grito de “sálvese quién pueda”. Indignado al ver la falta de previsión de los expertos: crear la burbuja inmobiliaria para crecer pero sin invertir en un plan B que diera sus dividendos en el futuro, para quedarnos finalmente sin fuentes de ingresos; sorprenderme con los posteriores ocho años de legislatura de remiendos y paños tibios y seguir sorprendiéndome por las “innovadoras” decisiones con las que parecen seguir torturándonos al amparo de la crisis que ni yo ni tú creamos ni nos encargamos de perpetuar.
Sublevado por anuncios que leo en los que se anima a capitales extranjeros a invertir en España por tener una mano de obra barata, harto de escupir para arriba mientras esperamos quietos a que la ley de la gravedad hago su efecto.
Cabreado por la desidia colectiva que nos rodea. Que vemos ya casi normal que una joven eminencia que acaba de terminar brillantemente sus estudios se arrastre como un becario por 400 € en el mejor de los casos, o tienen que irse del país en busca del pan que aquí se les niega o nos resignamos a bajarnos los pantalones para poner la otra mejilla.
De ver atónito cómo el único foco de interés es si pagamos un 1€ en cada tarjeta y de comprobar como el repago del copago se convierte en Trending topic nacional.

Yo que sufrí el nuevo plan de estudios en mi facultad mientras escuchaba continuamente al Decano la tremenda suerte que íbamos a tener porque sin duda íbamos a heredar una plaza fija. Harto de callarme cuando como medida ejemplar decidieron bajarme el 5% de mi sueldo. Que no protesto cuando mi tutora tiene un accidente de tráfico yendo al trabajo y llevo más de un mes pasando la consulta sólo, desafiando a la Ley mientras las entidades públicas no contratan a un sustituto que parece varado en la bolsa de empleo. Harto de callarme, de no denunciar, de no indignarme y sublevarme. Que escucho intrigado, pero también convencido que el recorte definitivo está al caer, que la catarsis apocalíptica es ya casi una realidad, que nos van a recortar el número de guardias a cuatro en el mejor de los casos. Que sin tener el tremendo drama social de muchas familias que realmente no tienen para cubrir gastos y no llegan a final de mes, veré recortados los “privilegios” de los que creía disponer: de la independencia que falsamente creía haberme ganado tras todos estos años de dedicación al sol.

En este país de sorna y panderetas, de Pantoja y Belén Esteban.; de monárquicos corruptos, de Urgandarines, Gurtel y villas Arousas, de guiñoles retratados y de ese opio nacional de Guardiolas y Mourinhos que parece silenciar el atroz ruido de fondo.


Cansado de la cobardía que nos hace tan pequeños, que nos minimiza, que silencia nuestras poderosas razones. Del bien individual que tapa al colectivo, que nos agrieta y hace achicar agua, que nos desangra y nos hiere de muerte.


A día de hoy estoy a 14 meses de ser un número más de esa lista millonaria de parados que se desangra en la cola del INEM.  Puede resultar una premonición fúnebre, pero es la triste realidad. La mayoría de los compañeros que han terminado y que van a terminar están en la misma situación. Contratos irrisorios, sonrojantes,  bucólicos. Conozco casos de contratos de 8 horas, de dos noches en un pueblo perdido de sierra, de situaciones camufladas detrás del profesional que tras su bata lleva la desolación de la triste realidad de tener 30 años y estar en la máxima incertidumbre laboral y personal. 

Pero mientras llega el 20 de Mayo del 2013 y mi contrato expira, (si antes esta patata caliente que desde hace tiempo nos estamos pasando de mano en mano no explota) seguiré disfrutando del día a día, de mi trabajo, de mis pacientes, de la recompensa del trabajo bien hecho, de la satisfacción de seguir dando lo mejor de mi en todo momento. Seré uno de esos más de cinco millones, con mi licenciatura, mi especialidad, mis múltiples cursos realizados, un Máster de Economía de la Salud-Uso Racional del Medicamento y un Curso de Experto de Urgencias que darán lustre a un curriculum que nadie querrá leer.


Pero mientras llega ese mañana sombrío al amparo de este oscuro día a día, al menos me acuesto tranquilo sabiendo que el Real Madrid y el Barcelona no se enfrentarán hasta la final de la Champions… Y es que a fin de cuentas, tenemos lo que nos merecemos, ¡así nos va!

martes, 28 de febrero de 2012

Feliz día de Andalucía

En este país de guerrillas internas a modo de nacionalismos estériles exacerbados que tanto le cuestan económicamente a España, yo quiero hoy ondear la bandera blanca y verde de la que me siento juez y parte con el mismo orgullo que la rojigualda. 

Ubetense, andaluz, español y ciudadano universal, podría hablar de la suerte que siento en primera persona por la fortuna en la que nada he participado de haber nacido en Andalucía, pero no lo haré. Tenemos fama de muchas cosas, y entre ellas de graciosos, así que dejo una serie de vídeos en este nuestro día, 28 de Febrero, que a mí al menos me han dibujado una sonrisa


Monologo de Manu Sánchez (un grande)



 Un dardo envenenado (no te pongas tan serio Sergio)




 Un brindis
   

 Un cántico reivindicativo




 Y para cerrar, este spot que es puro arte 

jueves, 23 de febrero de 2012

No salgo de mi asombro: Sexo telefónico

Definitivamente hay gente para todo. Lo acabo de ver por Internet y no salgo de mi asombro



Y es que como diría el anuncio de un famoso refresco reconstituyente, el ser humano es maravilloso...

sábado, 18 de febrero de 2012

¡Voy a ser tito!

(8 Febrero ´12)

Una noticia puede cambiar una tediosa tarde de curso de estadística, puede cambiar todo un día e incluso puede llegar a reformar toda una vida. En mitad de la charla magistral de la profesora en la hora del sesteo, un mensaje de mi hermana me preguntaba que si estaba en casa y podía hablar conmigo, que tenía que comentarme una cosa. Algo inusual en la relación no pactada entre nosotros que hablamos casi tanto en silencio como a través de la palabra vertida. 
Curiosa la mentalidad del rey león de la manada que es el ser humano que siempre suele tender a ponerse en el extremo calamitoso de las situaciones: ¿qué habrá pasado?, ¿a quién?, ¿ya está mi sobrino con el nuevo resfriado de turno?

- Tranquilo, tengo nueve meses para contarte la noticia!

El subidón de alegría que silencia las explicaciones de la profesora, que te hace levitar sobre la silla, que te traslada cientos de kilómetros para compartir una alegría que no entiende de distancias ni de semanas sin vernos. La sonrisa que se dibuja en el rostro y te delata, que te desarma y te deja indefenso ante la oleada de felicidad. La misma sensación que cada vez que voy a Úbeda siento al ver a Javier: al principio totalmente dependiente del seno materno y los abrazos paternos, gatear, caerse ante el intento de sus primeros pasos hasta verlo ahora corretear con el único freno que supone un mueble que se interpone en sus enérgicos pasos diminutos que hacen ondear esa cabellera peluda de miel dorada cual oro bañada por esos oceánicos ojos en los que uno puede hundirse como la orquesta del Titanic.

Una noticia como la de aquel 14 de Noviembre del lejano 2009 que me animó la guardia y la vida. Felicidad elevada a su máxima exponencia. Por los papás, por los abuelos, por los primos, por ese Javier que compartirá su trono, por mí y la sensación edulcorante de sentirse parte de algo tan bonito como esta del embarazo. Nueve meses por delante que sobre Noviembre y si todo transcurre con normalidad romperá con un desgarrador llanto del eterno milagro de la vida en es@ Aitana de turno que vendrá para quedarse y hacerse imprescindible, para devastar la imposible rutina con un ángel de dos años y para seguir dándonos motivos para ver en esta vida un oasis en medio del caos.

Enhorabuena a Javi por su certeza concepcional; a mi hermana por su renovado estado y a Javier y sus distraídos balbuceos que asciende de status cediendo parte de su trono pero ni un ápice de su encanto

¡De nuevo voy a ser tito!




jueves, 16 de febrero de 2012

Película de terror con final inesperado

Esta entrada no sigue el canon de las precesoras; no encontrarás palabras bonitas, metáforas teñidas de esperanza y buenas obras. Esta es una entrada terapeútica de desahogo personal, mi folio en blanco para escribir lo que durante el día ha tenido en stand-by y que de alguna manera necesito vociferar aunque sea con palabras mudas.

No soy un ciudadano ejemplar: seguramente alguna noche habré montado un numerito espoleado por la pasajera deshinibición del alcohol; haya asaltado fuentes en la celebración de algún título de fútbol, haya aparcado en doble fila; me haya sido imposible imponerme a la batalla con la que mi vejiga me haya obligado a desalojar... Pero intento compensar los defectos: pago mis impuestos el primero, respeto al orden público, obedezco la ley como el que más, no robo, no hago bandalismo, cumplo las leyes de tráfico, no tengo ninguna multa en mis 8 años de carnet... 

Curiosa sensación la que tiene uno cuando al ir al coche para coger del maletero la cartera donde guardo mis bártulos para pasar consulta, se encuentra el "regalo" matinal de ver como durante la noche habían reventado la luna del asiento trasero y habían cabalgado como equino sin control por el coche: guantera abierta, papeles tirados, cristales por todo el interior del vehículo, el maletín médico en paradero desconocido y sobre todo la impune sensación de impotencia, la cara de "no puede ser, otra vez no" que se te queda mientras no sabes si reir, llorar, maldecir, contar hasta diez...


La cobardía del más vil anonimato clandestino, tirar la piedra y esconder la mano, huir como una rata de cloaca, dejar en evidencia a la buena madre que te dio la vida. El subidón de adrenalina al golpear con una piedra la luna de un coche mientras esta estalla tu violencia en el impacto. Sé que nunca leerás estas palabras, pero van para ti, esa escoria camuflada entre la manada que pareces cobrar tus frustraciones con el daño hacía lo ajeno.

Respirar, pensar, actuar. Encajar que ese cristal que se desangra en el marco es el tuyo; ir corriendo a tu puesto de trabajo para informar sobre lo sucedido y pedir permiso para ausentarte. Desenfundar el teléfono a horas prematuras para empezar a mover hilos. Hablar con tu seguro que siempre tan bien se ha portado contigo cuando lo has necesitado; solicitar los talleres concertados; localizar la comisaría de policía más cercana. Ir y venir sin rumbo fijo. Poner lo que crees una denuncia estéril; dejar el coche en comisaría mientras le toman huellas. Hacer gestiones para subsanar el robo de tu equipo médico ya que se han llevado consigo el fonendoscopio entre otras cosas. Concertar cita para el taller. Recoger el vehículo. Hablar con tu familia que en la distancia parece buscar contigo explicaciones y culpables. Intentar aún a riesgo de cortarte, quitar el grueso de cristales que inundan el interior del vehículo. Comer con el estómago encogido más que nada por impotencia. Ir a primera hora al taller. Recibir la rocambolesca llamada de teléfono de mi madre después de que el Ayuntamiento a través del distrito sanitario de Málaga diera con el teléfono de mi casa de Úbeda para informarle que mi cartera con mis cosas había aparecido y que podía pasar a recogerla al Ayuntamiento. Sentir por fin el roce de la cartera de cuero sobre mi hombre, desempolvar su interior manchado de arena, pisadas y barro y ver como tan sólo se han llevado dos bolígrafos, un pendrive y una lámpara para ver los reflejos pupilares. Comprobar que la bata, aunque mal doblada y sucia sigue allí, que al fonendo parecen no haberle dado la utilidad ni el precio que tiene, que los papeles de un trabajo que estoy haciendo, aunque algo rotos permanecen intactos, que el libro que estoy leyendo (que paradójicamente se llama Valiente) continúa con el marca-hojas por donde lo había leído y aún no comprender como ni las gafas, ni el GPS ni la compra de Ikea que hice el sábado que estaba en el maletero habían sido tocadas.

Son las 17:50h y esta película de terror en la que el malo no se ha quitado en ningún momento la careta ha tenido un inesperado final feliz. Gracias a la policía por haber encontrado el maletín; gracias a mi primo por las gestiones del seguro; gracias a mi familia por las llamadas desde la distancia; gracias a la gente que a lo largo del día, irónica o seriamente se han preocupado...pero sobre todo gracias a ese ángel de la guarda que parece seguirme: que fue capaz de que me devolvieran el iPhone que en el trayecto saliente de una guardia me dejé en el bus urbano, o el mismo que vio e hizo que un ciudadano apuntara la matrícula de aquella furgoneta que se estrelló contra mi coche y se daba a la fuga mientras yo pasaba consulta en el Rincón de la Victoria

Es tarde, ha sido un día duro y mañana tengo guardia. Pero esta película de terror ha terminado por dibujar una pequeña sonrisa con la que me voy a la cama. Buenas noches


martes, 14 de febrero de 2012

El botón del pánico

(9 Febrero ´12)

Es curiosa la sensación camuflada con la que la firme seguridad forjada a base de consultas puede pender de un hilo ante la abrupta ruptura que supone una inesperada amenaza, el verse contra la espada y la pared cuando uno va desprovisto de armadura.

Tras tres años trabajados (esa cifra se redondeará en el ya inminente Mayo), tras cientos de guardias, tras infinidad de consultas de Cupo pasadas, tras miles de pacientes vistos (puede parecer una exageración pero la cifra ya es real); tras historias escuchadas de amenazas y agresiones hacia algún compañero; tras ver varias situaciones tensas que hasta la fecha había conseguido eludir con algo de pericia y mucho de suerte, hoy me ha tocado vivir en primera persona la desagradable sensación de ver como tu base de castillos de arena amenaza con derrumbarse ante el temporal furioso de algún paciente malavenido. 

La interiorización del día a día hace que uno pierda la visión global de las cosas. En noches como esta recuerdo la primera paciente que vi en consulta con su tendinitis del supraespinoso: recuerdo mi temor de hacerlo mal, de no saber qué decir, de no dejar satisfecho al cliente que demanda asistencia. Otoño trae consigo la caída de las hojas ya maduras por el paso de los meses previos; algo similar a lo que ocurre con el paso de guardias, de consultas, de situaciones embarazosas que pasan a ser algo rutinario que consigues ver más como un reto que como un impedimento. 

Pero al final, la liturgia de la consulta es un cara a cara al que nunca puedes faltarle el respeto ni bajar la guardia. Como un torero que planta sus rodillas en el albero a la salida de toriles mientras el animal de turno corre con el ímpetu de una libertad figurada que tiene la oportunidad momentánea de debatir en la corrida. 
Cuando entra un paciente (anónimo o figurado) y cierra la puerta tras de sí te encierras junto a sus problemas y sus expectativas, ya sean reales o figuradas. Problemas que no entienden de razas, ni de zonas necesitadas de transformación social, ni de barrios guapos o feos, de patitos feos o princesas de cuento, ni de hombres ni mujeres, ni de altos ni de bajos, jóvenes o viejos, obesos o delgados, locos o cuerdos, licenciados o analfabetos, de tratamientos psiquiátricos ni de enfermedades indomables...La puerta se cierra y da igual el motivo de la consulta, esos cinco minutos de bis a bis son la cara y la cruz de una misma moneda.

Una consulta con la que los pacientes suelen tener la idea ya forjada de lo que quieren sacar de ella (un tratamiento específico, una derivación a algún especialista de turno, un informe o un parte de baja...), una idea que revolotea en el ecosistema de la consulta, una conducción que empieza a tensarse, unas explicaciones estériles para intentar que escuche quién no quiere ni oír. Estar sentado al lado de tu tutora mientras ella intenta explicar los papeleos a seguir, los escabrosos trámites burocráticos que tontocratizan a una sociedad ya de por sí delirante. Un paciente que no parece psiquátrico-medicado que parece no entender, que empieza a ponerse nervioso, que tensa la cuerda...que empieza a elevar los decibelios de sus argumentos...que comienza a llamar de tú despectivo en vez de usted...que pasa a moverse nervioso en una silla que parece quemarle...que empieza a faltar el respeto hasta finalmente mandar a la mierda. Y es en ese momento cuando uno intenta hacer de bombero y le dice que por favor, en la consulta se habla con respeto. De nada sirvieron los primeros compases en los que de buena manera y ganas le exploré su resfriado o le expliqué el tratamiento que tenía que hacer ya que cuando intenté defender a mi tutora, de nada sirvió lo anterior. Allí estaba él, de pie frente a mí mientras me amenazaba que me iba a partir la cara por hacerme el hombre, que iba a terminar con mi carrera...

Segundos que se hacen minutos, minutos que se anclan hasta parecer siglos. Una alarma que irrumpe y pone fin al ambiente viciado del Centro de Salud tras activar mi tutora el botón del pánico con el que en consultas como en las de mi centro de trabajo en la que la problemática social es el pan nuestro de cada día están instaladas. Pasa un pequeño rato eterno hasta que la seguridad y algún compañero va a tu consulta a modo de rescate y abre la puerta. Instantes de incertidumbre ante la sorpresa de lo desconocido, ante situaciones novedosas con las que uno no sabe cómo actuar hasta que le sucede, y que cuando le sucede no sabe finalmente como actuó realmente.

Yo que no hablé ante no creerme lo que estaba sucediendo, que me entregué ante la realidad que nos había tocado vivir. Que intenté recoger con aplomo las amenazas vertidas mientras un escalofrío recorría mi herido honor. Qué busqué durante minutos la manera en el que las cosas pierden su significado, que intenté buscar razones a la sinrazón, que me puse en lo peor a modo de punzón o cuchillo escondido sacado a relucir en el momento de máxima crispación... pero que finalmente me entregué a modo de consuelo a modo de estadística que me había tocado vivir hasta la fecha. En esta viga en el ojo ajeno que se suplementa por las miles de consultas que he tenido antes con pacientes anónimos, algunos de ellos que me agradecieron mis servicios, que se fueron con una sonrisa, que me dijeron buen servicio o que dibujaron en mí la sensación efímera pero honrosa del trabajo humilde bien hecho.

Hay muchas maneras de aprender pero sin duda ésta, enfrentarte a la realidad, es una de las más efectivas. Seguimos creciendo...


viernes, 10 de febrero de 2012

Descansa en paz, Andrés

Este blog es un espacio donde los Romeos y Julietas, los corsarios de este cuaderno de Bitácora, los malos de los cuentos y los bandidos clandestinos que aportan desenlaces inesperados siempre tienen voz y voto. Pero este cuaderno con el que me comunico al mundo también es un altavoz para narrar hazañas, anécdotas y mostrar personas con vidas e historias que merecen la pena ser contadas. 

Andrés Escalzo era una persona de este último grupo. Me cuesta hablar de él en pasado. Sin conocerlo en profundidad, creo no errar en mi diagnóstico final de que fue, es y será una gran persona, de esas en mayúsculas que pocas quedan en estos días de crisis de valores y tinieblas continuas. Se escucharán y leerán muchos adjetivos sobre Andrés, pero yo lo resumiré en la sinapsis más corta pero amplia: era una BUENA persona.

Esta tarde mientras buscaba noticias sobre Úbeda en la red me encontraba con el helador titular "Fallece Andrés Escalzo, presidente de la Adoración Nocturna de Úbeda". Sin entrar en juicios de valores ni demagogia barata sirva esta entrada como homenaje a ese gran cristiano y mejor persona que conozco gracias a la ayuda que junto a su mujer Paqui (un beso para ella) les dieron a mi más familia que vecinos Mirtha, Walter, Aylin y Eduardo y que por lo tanto, pese a poder ser un perfecto desconocido para mí, algo me unía.

Descansa en paz Andrés


Nada tiene que ver con él, pero he escuchado esta tarde poco después de enterarme esta canción "Acuérdate de mí" del nuevo disco que Sabina y Serrat han sacado (La Orquesta del Titanic) que bien pudiera servir de banda sonora



Acuérdate de mí cuando me olvides,
que allí donde no estés iré a buscarte
siguiendo el rastro que en el cielo escribes
las nubes que van a ninguna parte.

Acuérdate de mí
en tus plegarias
y búscame con los ojos cerrados
entre la muchedumbre solitaria
yo tampoco te quiero… demasiado.

Como te tomo, me doy
como te busco te evito
como me vengo, me voy
como me pongo, me quito
como te falto, te sobro
como me callo, te digo
como te pago, me cobro
como te extraño, te olvido.

Por ver volar los veces de colores
hicimos agujeros en el agua
preocupados en los alrededores
siempre en la dimensión equivocada.

Mujer de sombras y de melancolía
volvamos al Edén que nunca has ido
a celebrar con las copas vacías
el gusto de no habernos conocido.

Como te tomo, me doy
Como te busco, te evito
Como me vengo, me voy
Como me pongo, me quito
Como te falto, te sobro
Como te falto, te sobro
Como me callo, te digo
Como me callo, te digo
Como te pago, me cobro
Como te extraño, te olvido

Como te tomo, te tomo, me doy
Como te busco, te busco, te evito
Como me vengo, me vengo, me voy
Como me pongo, me pongo, me quito
Como te falto, te sobro
Como me callo, te digo
Como te pago, me cobro
Como te extraño, te olvido

domingo, 5 de febrero de 2012

Media Marathon Torremolinos: caminante no hay camino

5 Febrero ´12


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
 Antonio Machado


El domingo 5 de Febrero estaba marcado en el calendario como el pistoletazo definitivo de salida para el reto de los retos que en Mayo tendrá lugar a modo del 101 de Ronda. Tocaba combatir la ola de frío siberiano corriendo la Media Marathon de Torremolinos con la inmejorable compañía de mi primo Fernando y el objetivo primordial de empezar a acumular kilómetros en las piernas tras unas semanas dubitativas de entrenamiento distraído. 





Torremolinos tomaba el relevo dejado por las anteriores cinco carreras en esta distancia y entraba en la digna sucesión de Granada, Murcia, Baeza-Úbeda, Córdoba y la de ingrato recuerdo de Málaga. Con el sinsabor de esta última muy presente ("Historia de una pájara") y con la de Córdoba como la de marca personal en 1h 44min 35 seg partía a las 10:00h desde la Plaza Costa del Sol sin presión pero con la responsabilidad de esta exigente distancia. Buenas piernas en un recorrido entretenido bordeando el paseo marítimo donde en la infancia solía veranear hasta las últimos cuatro kilómetros que esperaban con una sonrisa diabólica a modo de cuestas y pendientes que hicieron exigir lo mejor de uno mismo y que terminó desmaquillando un tiempo que aunque secundario no estuvo muy lejos de la marca personal (1h 48min 42 seg) y que será un aliciente para que el próximo 18 de Marzo en la Media de Marzo luche contra el recuerdo de lo que pasó el año pasado, contra mí mismo, contra mi marca personal y sobre todo contra la gran sombra que proyecta los 101 de Ronda que pese a ser en Mayo ya parecen otear en el horizonte.


Pasito a pasito, más cerca de la meta. ¡Adelante Cerbatanas!

viernes, 3 de febrero de 2012

Jornadas R3 SAMFyC ´12

(2-3 Febrero ´12)

Parece que estoy abocado a Málaga. Es costumbre que la SAMFyC (Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria) organice todos los años unas jornadas para actualizar, formar y unir a los R3. Esta era la ocasión que llevábamos esperando: la oportunidad de hacer la maleta, acudir a alguna provincia andaluza para conocer y reencontrarte con viejos amigos. Pero como ocurriera en el primer congreso andaluz que me tocó y en el internacional de la WONCA, Málaga volvía a ser la ciudad elegida por lo que de nuevo tocaba hacer de anfitrión.

24 horas intensas con bienvenidas, talleres interesantes (el que hice de Soporte Vital Avanzado fue muy bueno), una acalorada mesa debate donde se puso en tela de juicio la necesidad o no de crear la especialidad médica de "Urgenciólogo" y en la que la división de opiniones y los intereses médicos, políticos y sociales parecen que haya mucha tela que cortar para tan pocos sastres al cargo. Para concluir en una de esas veladas nocturnas que serán recordadas durante tiempo.

Una idea que siempre saco como conclusión cuando nos reunimos en este tipo de actos: 

- Medicina Familiar y Comunitaria es la base del Sistema Nacional de Salud. La base del triángulo. Si ella no funciona, el resto se desmorona... Pero muy difícil o imposible que funcione si el poder social, político y económico muestra sus preferencias (de manera tan desconsiderada) hacia el mundo de la especialidades.

- No entiendo que en las facultades siga sin impartirse una asignatura como tal de MFyC cuando cerca del 40% de los alumnos que se presentan al MIR terminarán eligiendo esta opción

- Tampoco entiendo cómo se ofertan tantas plazas de especialistas (entre las que se incluyen MFyC, sí, somos especialistas) si luego la tasa de desempleo entre la gente que termina el MIR es abrumadora. ¿Mano barata para cubrir las guardias de los diferentes servicios durante los 4-5 años que dura la especialidad?). He oído que en los próximos años la tendencia será cubrir 1 de 10 jubilaciones, así que ¿tiene sentido que todos los años los hospitales se llenen de Médicos Internos Residentes?. Creo que lo mejor sería hacer un balance y cuadrar entre el Ministerio las plazas ofertadas y entre las facultades los puestos ofertados para que los alumnos se matriculen en función de las necesidades del sistema

Lo que está claro es que la cantinela que durante tantos años escuché en la Facultad por parte del Decano y otras voces "autorizadas" de que éramos unos afortunados ya que íbamos a coger los años dorados de la Medicina e íbamos a optar a los mejores puestos de trabajo, o bien era una falacia o bien se ha ido difuminando a medida que los años y la "crisis" ha desolado el solar de algunos. El futuro es incierto, a veces lo veo negro, pero toca ir con la linterna para intentar poner luz. Mientras tanto, sigamos en la lucha, que el día a día no es fácil pero al menos, muchas veces es gratificante


Dejo para terminar un enlace de un artículo publicado por la Unidad Docente de Medicina Familiar y Comunitaria de Sevilla que pudiera dar lugar a debate o concienciación social. El título: "¿Sobran médicos en España?" creo que ya lo dice todo. 

Y como todo no van a ser penas y penurias también dejo algunas fotos de las Jornadas de R3 de la SAMFyC

Mesa de Autoridades: entre ellas el Alcalde de Málaga y el Presidente del Colegio de Médicos de Málaga

Una foto con solera. Bob y el Principito. De Úbeda, de Fonsa, compañeros de clase...

Dos años después, reencuentro con parte del equipo que viajamos a Cuba

Conociendo al príncipe de Sevilla

miércoles, 25 de enero de 2012

Llegó la hora: MIR ´12

Puede que esta entrada haya caído en tus manos como una patata caliente a punto de estallar. Seguramente lo que menos necesites sea leer tras estos interminables meses que este sábado llegan al punto final en los que has pasado la mayor parte de tus eternos días, de tus semanas cíclicas sin salida ni meta encerrad@ en tu habitación o en la biblioteca de turno, en ese altar improvisado en el que has convertido tu escritorio. Si efectivamente te sientes identificad@ y sabes de lo que te estoy hablando, es muy probable que este sábado busques entre tu armario alguna ropa talismán y recorras el camino al sitio donde te encerrarás frente a ese morlaco llamado MIR por el que llevas toda una vida luchando con la sensación de un funambulista que camina sobre un alambre que separa la gloria del abismo.

Este sábado es el día por el que llevas toda una vida preparándote. Cuando en preescolar aprendiste a atarte los cordones, cuando memorizabas las tablas de multiplicar, cuando hacías dictados con perfecta caligrafía, cuando ibas superando las pruebas a modo de exámenes con buena nota, cuando en ocasiones tenías que decir no cuando te hubiera gustado decir sí, cuando veías en Selectividad un fin del mundo que nunca llegó, cuando quizás descubriste que Septiembre existe en tus años de Universidad... Pequeñas e insignificantes decisiones que te han hecho estar este sábado encerrad@ en un aula que durante 5 intensas horas será el centro de tu Universo.

Seguramente mires el calendario o el reloj y tengas la sensación asfixiante de que el tiempo no avanza, que la espera no dará jamás sus frutos... Esta entrada bien pudiera ser como una benzodiacepina ansiolítica pero no encontrarás muchos mensajes en los que te deseé suerte. Lo que sí leerás es mi felicitación por el trabajo bien hecho, por estos intensos meses de estudio que quizás tan sólo tú sepas valorar como se merecen cuando el ruido de esta cascada llamada MIR se aleje de ti y puedas mirar más allá de la inmediatez del 28 de Enero. Cuando uno lo da todo, nunca se podrá reprochar nada. Aunque la masa social con una sola cabeza pero con muchas voces se limite a verte como un simple número, como una elección ya en primavera en la que decidirás tu futuro inmediato en el plazo de cuatro-cinco años tienes que tener claro que tú no eres tan sólo ese número que te ponga entre el resto de tus "oponentes"sino todo lo demás que tan poca gente podrá llegar a ver jamás.

Son las 16:00h. Nervios, tensión, responsabilidad. Ves imágenes, piensas, contestas, dudas, cambias, vuelves a contestar... Son las 21:00h... comienza tu nueva vida con la sensación agridulce que da la incertidumbre. Te abrazas con los tuyos, algún@s incluso lloraréis al ver a un ser querido que te mira con los ojos henchidos en orgullo. Planificas el mañana sin la obligación de poner el despertador... te abandonas a la fiesta nocturna o al descanso placentero del trabajo bien hecho. Piensas como invertir tu vida hasta Mayo; empiezas a pensar en destinos, en especialidades, en pros y contras...Eres libre.

Todo esto que parece tan lejano es el futuro inmediato que os está esperando. Pero hasta entonces seguir luchando por darlo todo en cada momento de vuestras vidas, luchar cada pregunta como si la vida os fuera en ello, dudar os hará grandes, superar vuestros miedos os hará crecer como personas. Dejaréis de ser estudiantes para por fin ser médicos de verdad. Tenéis la inmensa fortuna de tener cuatros años por delante de trabajo "asegurado" (esperemos que la maldita crisis no nos lleve por delante); disfrutaréis descubriendo que sabéis más de lo que creéis, que lo visto en tediosas clases magistrales tiene su práctica en el día a día. Os enamoraréis de la especialidad elegida sea o no vuestra primera opción, conoceréis a compañeros que os harán descubrir nuevas experiencias. Lloraréis de alegría y de tristeza en alguna guardia, descubriréis el éxito y también el fracaso y volveréis a ver en la meta del mañana la meta definitiva y recordaréis como una experiencia pasada los nervios que ahora sientes al leer estas líneas

Enhorabuena por adelantado, justicia...y un poco de suerte que eso nunca viene mal



"Me enseñaron a competir y mi mejor competición ha sido no hacerlo nunca"


Esta foto es del 24 de Enero del 2009. El puro de la LIBERTAD tras hacer mi examen MIR. Actualmente R3 de MFyC en Málaga. Ha llovido tanto desde entonces...

viernes, 20 de enero de 2012

El reto de los retos: 101 de Ronda

Por fin veré cumplido uno de esos sueños utópicos que venía rondando en mi cabeza en los últimos dos años. El pasado, con más dudas que firmeza intenté apuntarme pero llegué algo tarde y quedé en la reserva. Pero este año tras una terapia de euforia colectiva nos apuntamos y hemos conseguido plaza para la que sin duda será la experiencia de las experiencias a nivel deportivo: el 101 de Ronda.

Si no estás familiarizado con esto de las "locuras" deportivas permitidme que os presente esta "esquizofrénica"prueba. Los míticos 101 km de Ronda que organiza la Legión. La madre de los retos, una carrera para vencer a tus miedos e imponerte a tu cabeza que a lo largo de los largos y duros 101 kilómetros por las rocosas montañas de la serranía de Ronda dirá en más de un momento que ha llegado el momento de detenerse, de dejar de avanzar lenta pero continuamente hacia una meta que será el oasis en medio de un sufrimiento para el que tendremos 24 horas para realizar.

101 kms para sufrir, para disfrutar, para enamorarme de una prueba que amenaza con convertirse en un clásico hasta que las piernas y la cabeza sigan con esta efímera fuerza inquebrantable de creer poder con todo.

Yo, obeso infantil; remodelado en la adolescencia; deportista en los ratos libres que me he atrevido con cinco medias marathones (el 5 de Febrero correré mi sexta en Torremolinos) tendré una fecha en mi cabeza para la cual me estoy preparando desde que los Reyes Magos dejaron sus regalos en las casas españolas. El 12 de Mayo, llueva, diluvie o haga un tórrido sol, allí estaré portando en mi mochila toda mi ilusión, la responsabilidad y mis miedos que me acompañarán junto al resto de amigos y compañeros de aventura que debutaremos en esta prueba. Y es que de las múltiples modalidades ofertadas hemos elegido la de grupo. 5 corredores que tienen que avanzar juntos los 101 kms hasta llegar a la meta de Ronda, sin fisuras, sin bajas, sin vencidos por el camino. Tendré la inmensa fortuna de disfrutar de mi primo Fernando, mi fratelo Nacho, mi hermano Jose Antonio y un siempre grande Gabi que iremos descubriendo los secretos de esta ratonera humana que devora esfuerzos pero que recompensa con una oleada de orgullo y hazaña personal.

Hasta ese día toca seguir entrenando, trotar y trotar, dejarme las suelas de las zapatillas y gran parte de mi tiempo libre en horas y horas de running. Mayo parece no llegar jamás, pero el equipo de Los Cerbatanas ya ha comenzado su particular prueba, ya estamos a lo lejos, con nuestro ritmo de espartanos entregados a la causa, a este reto que sin duda, será la experiencia de las experiencias deportivas.



Sin duda recordaré este dorsal que portaré a lo largo de los 101 kms de travesía, el 3166

Si estás interesado en seguir nuestra evolución hasta la fecha y en la carrera os dejo el siguiente Hashtags de Twitter: #101LosCerbatanas. 






"Todo comienza dando el primer paso"