Mostrando entradas con la etiqueta Urgencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Urgencias. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de febrero de 2013

Neumotórax


Lo reconozco, me pongo nervioso, bastante nervioso, cada vez que tengo que realizar un procedimiento intervencionista. Se me supone por aquello de estar en mi último año de formación, tanta soltura como temple, pero cada vez que tengo que ir más allá de explorar, ajustar y poner tratamientos e indagar en una profunda anamnesis, siento el cosquilleo que amenaza con atenazarme.

Las guardias de Urgencias-Observación, tienen esos caprichos del destino, que te apremian con días monotemáticos: hay guardias de marcado calado cardiológico, otras predeterminadas por descompensaciones iónicas, o las típicas geriátricas. Pero también existen las coincidencias de presentarse patologías no tan frecuentes en poco espacio temporal, como ocurrió en mi último periodo de dos guardias en cuatro días, donde llegaron dos neumotórax a tensión.


Tras ver cómo la Adjunta evacuaba el primero, era el turno de pasar a la acción y ejecutar el ritual de lavarte, prepararte para la intervención, enfundarte la bata y los guantes estériles mientras intentas repasar mentalmente las enseñanzas que con tanta devoción y paciencia te ofrece el maestro que ese día tutoriza tu Observación y dejar a un lado las inseguridades.

Tumbada en la cama, una joven resignada ante su segundo neumotórax espontáneo. Ella que estaba en casa, que sintió la sensación de pinchazo en el pecho, le dificultad para mantener una respiración normal, y la confirmación mediante la radiografía de su temor hecho realidad. La anestesia que le va haciendo efecto calmando sus nervios a flor de piel, mientras intenta mantener la alerta con un lenguaje poco estructurado. La hora de actuar, de entrar con el trocar por el espacio intercostal, avanzar entre el tejido subcutáneo, la grasa y el plano muscular y llegar hasta donde se encuentra el aire extravasado, no sin tener que solventar las dificultades anatómicas que te encuentras por el camino a modo de costillas y paquetes vasculo-nerviosos. El tenso procedimiento de cambiar a dos manos trocar, sonda, vía…el ver con expectación como el aire parece salir y comprobar finalmente que el dispositivo de presión burbujea en el agua, señal de que el procedimiento se ha completado con éxito.

La sensación de ser un autómata y haber hecho la intervención tan concentrado que no has mecanizado los pasos a seguir mientras te dejabas hacer por los consejos del Adjunto que hace de maestro y casi de padre. Y finalmente, la sensación de alegría cuando la paciente se recupera de la anestesia, le comunicas que la radiografía de control está bien y te agradece tu trabajo sin saber los nervios que has pasado y disimulado un rato antes.

Hora de aprender, una vez más, de MedlinePlus


El neumotórax o colapso pulmonar, es la acumulación de aire en el espacio que rodea los pulmones. Esta acumulación de aire ejerce presión sobre el pulmón, de manera que no se puede expandir tanto como lo hace normalmente cuando usted inspira.
Causas
El colapso pulmonar ocurre cuando el aire escapa del pulmón y llena el espacio por fuera de éste, dentro del tórax. Puede ser causado por una herida en el tórax con arma de fuego o con arma blanca, la fractura de una costilla o ciertos procedimientos médicos.
En algunos casos, ocurre un colapso pulmonar sin ninguna causa. Esto se denomina neumotórax espontáneo, y es cuando se rompe un área pequeña del pulmón que está llena de aire (vesícula pulmonar), y el aire va hacia el espacio que rodea el pulmón.
Las personas altas y delgadas y los fumadores tienen mayor probabilidad de sufrir colapso pulmonar.
Las siguientes enfermedades pulmonares también incrementan el riesgo de un colapso pulmonar:  asma, EPOC, fibrosis quística, tuberculosis y tos ferina.
Síntomas
Los síntomas comunes de un colapso pulmonar abarcan:
•   Dolor torácico agudo que empeora con la respiración profunda o la tos
•   Dificultad respiratoria

Un neumotórax mayor causará síntomas más intensos, como:
•   Coloración azulada de la piel a causa de la falta de oxígeno 
•   Opresión torácica
•   Tendencia a la fatiga
•   Frecuencia cardíaca rápida

Pruebas y exámenes
Al escuchar el tórax con un estetoscopio, hay disminución o ausencia de ruidos respiratorios en el lado afectado. Se puede presentar hipotensión arterial.
Los exámenes comprenden:
•   Gasometría
•   Rx de tórax

Tratamiento
Un neumotórax pequeño puede desaparecer por sí solo.
El médico puede usar una aguja para extraer el aire extra que se encuentra alrededor del pulmón, de manera que éste pueda expandirse más completamente. A usted le pueden permitir que se vaya a su casa si vive cerca del hospital.
Si tiene un neumotórax grande, se le colocará una sonda pleural entre las costillas dentro del espacio que rodea los pulmones para ayudar a drenar el aire y permitir que el pulmón se vuelva a expandir, requiriendo en la mayoría de los casos ingreso hospitalario.
Se puede necesitar cirugía pulmonar para tratar el neumotórax o para prevenir episodios futuros. Se puede reparar el área donde se presentó el escape. Algunas veces, se coloca un químico especial en el área del colapso pulmonar, el cual provoca la formación de una cicatriz. Este procedimiento se llama pleurodesis.
Pronóstico
Si usted tiene un colapso pulmonar, es más propenso a sufrir otro en el futuro si:
•   Es alto y delgado.
•   Continúa fumando.
•   Ha tenido dos colapsos pulmonares en el pasado.
Su pronóstico después de tener un colapso pulmonar depende de lo que lo causó.
Posibles complicaciones
•   Otro neumotórax en el futuro
•   Shock

Prevención
No existe una forma conocida de prevenir un colapso pulmonar, pero se puede disminuir el riesgo evitando fumar.
Más material de estudio: nueva Normativa SEPAR

Y para terminar, la explicación visual de la técnica de descompresión torácica: (Protocolo Hospital Donostia)




Colocación del paciente:
La posición dependerá del lugar por donde tengamos que insertar el drenaje. Habitualmente, el neumotórax se suele drenar por la cara anterior del tórax con el paciente en decúbito supino o semiincorporado. Otra posición para colocar un drenaje torácico es colocando el brazo del lado de la lesión por detrás de la cabeza para exponer la axila, o en decúbito lateral completo, para introducir el drenaje por “el triángulo de seguridad”. El triángulo de seguridad es una zona anatómica limitada por el borde anterior del músculo dorsal ancho, el borde lateral del músculo pectoral mayor, una línea imaginaria por encima de la mamila, y el vértice de la axila.
Hay que hacer una limpieza de la piel (rasurado) y luego se aplica un antiséptico (povidona iodada o clorhexidina) en el área de inserción. Posteriormente, se infiltra el anestésico (Mepivacaina al 1%, 1 o 2 ampollas). Se puede hacer una pequeña pápula subdérmica, inyectando una pequeña cantidad con una aguja de pequeño calibre (hipodérmica); después se empiezan a infiltrar con una aguja intramuscular los planos musculares hasta la pleura parietal.

La inserción del drenaje torácico nunca debe hacerse con excesiva fuerza, ya que supone aumentar la posibilidad de perforar órganos internos. Para disminuir el peligro, es conveniente hacer primero una toracocentesis y además introducir el drenaje en dos etapas: primero se empuja hasta tocar con la punta el borde superior de la costilla y en segundo lugar se pone un tope con la mano izquierda y se entra en la cavidad pleural metiendo el trocar hasta el tope que hayamos calculado.
Hay varios métodos de inserción de un drenaje torácico. Dependiendo del calibre del tubo, se puede elegir uno de estos: inserción por dentro de un trocar, técnica de Seldinger o toracostomía con disección roma.
Un drenaje de pequeño calibre (8-14 F) puede introducirse por dentro de un trocar (Fig. 13), o bien, con la técnica de Seldinger.

Introducción con trocar: Se hace una apertura de la piel con la punta del bisturí, del tamaño similar al diámetro del catéter. Se punciona con el trocar conectado a la jeringa hasta el borde superior de la costilla. Posteriormente, se introduce la punta del trocar en la cavidad pleural y se aspira el contenido pleural; si verificamos estar en la cavidad pleural (se aspira líquido o aire), se saca el fiador del trocar y se introduce el catéter por la misma luz, dirigiéndolo con inclinaciones del trocar, hasta que lleguemos a contactar con la pared torácica. Entonces, se saca el trocar sosteniendo el catéter para que no salga con él y se fija a la piel con un punto de seda.
Técnica de Seldinger: consiste en introducir el tubo guiado con un tutor metálico. Se siguen los mismos pasos que anteriormente, hasta introducir la punta del trocar en la cavidad pleural. Se saca el fiador del trocar y se introduce la guía metálica por dentro del trocar, en la cavidad pleural. Se retira el trocar y se van introduciendo los tubos, guiados por el tutor metálico, hasta el diámetro de tubo que creamos conveniente.
Toracostomía con disección roma: Después de hacer la apertura de la piel del tamaño del tubo que vayamos a introducir, ayudados con una pinza de Kocher o similar, vamos abriendo los planos mus- culares. Luego se introduce el tubo empujando con firmeza el trocar con la palma de la mano derecha y poniendo un tope de entrada con la mano izquierda (una vez pasado el tubo con el trocar hasta el borde superior de la costilla, se pone la mano izquierda agarrando el tubo, de forma que no se pueda introducir más de la longitud deseada). Se vuelve a empujar el tubo hasta el tope de la mano izquierda. Una vez dentro de la cavidad pleural, se retira 1 cm el trocar para esconder su punta dentro del tubo y se empuja éste, dirigiéndolo hacia el lugar deseado. Se retira completamente el trocar y se fija el tubo a la piel con un punto de seda.
La punta del drenaje se dirige hacia el vértice torácico en los neumotórax y hacia la base en los derrames. Sin embargo, en cualquier posición, el drenaje puede ser efectivo para drenar aire o líquido.
El drenaje debe fijarse a la piel después de su inserción para prevenir su salida. Se debe elegir una sutura fuerte y no reabsorbible para evitar su rotura (seda 0 o 1).


Quiero dedicar esta entrada al Dr. Salido, por sus enseñanzas magistrales, pero sobre todo por su ejemplo diario. Con personas como él es más fácil amar tu profesión

"Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí"
Confucio

martes, 21 de agosto de 2012

Corte de Digestión: desmontando el mito


Niño no te metas en el agua que te va a dar algo…, ¡un corte digestión!..., que te puedes morir…, mójate primero la nuca y la barriga…, Mamá, ¿me puedo bañar ya?... ¿Cuánto tiempo más tengo que esperar?... ¿De verdad muere gente por cortes de digestión o es una leyenda urbana?...


Toda una vida escuchando frases similares en verano; en cada piscina, en cada playa, siempre hay alguien con la suficiente credibilidad como para sentenciar y posponer el momento del baño tras la comida. Hace unos días yo fui el “amenazado”: o te metes ahora que acabas de comer o ya tienes que esperar dos horas… ¿Pero es esto verdad?, ¿es un falso mito?. Tras una búsqueda bibliográfica (no muy exhaustiva que estamos en verano y con estas temperaturas una inmersión profunda puede ser peligrosa) podemos llegar a la siguientes conclusiones:

El corte de digestión no existe como tal, se llama síncope de hidrocución y este síncope puede producirse independientemente del proceso digestivo.

Se denomina hidrocución o corte de digestión a un shock termodiferencial (diferencia brusca de la temperatura) caracterizado por un estado sincopal provocado por el contacto brusco de la piel y de las vías respiratorias superiores con el agua fría, lo que desencadena un reflejo de inhibición de la respiración y la circulación generando una sobrecarga cardíaca derecha que ocasiona en la mayoría de los casos una parada cardiorrespiratoria.
En individuos adultos este reflejo no se nota mucho, pero en niños suele ser bastante potente. De hecho, se han informado de bastantes casos por muerte súbita en niños debido exclusivamente a un reflejo de inmersión extremo que provoca alteración del ritmo cardíaco o directamente una parada cardíaca.

Son factores predisponentes:
▪   Temperatura del agua inferior a los 18ºC
▪   Exposiciones largas al sol antes del baño.
▪   Hipertermia. Es decir aumento de la temperatura corporal que puede estar originado por diferentes circunstancias, como trabajos físicos con temperaturas ambientales elevadas.
▪   Ejercicios físicos violentos con gran sudoración.
▪   Ingesta de psicofármacos.
▪   Traumatismos previos a la entrada al agua: por ejemplo al saltar desde cierta altura y caer directamente sobre el vientre se puede producir una pérdida brusca del conocimiento y paro cardiorrespiratorio por inhibición nerviosa refleja.
▪   Estado digestivo: Las ingestas copiosas de alimentos previas a la inmersión.

Sintomatología:
La mayoría de las veces el síncope es precedido por unos síntomas llamados "señales de alarma". Entre ellos encontramos: estado de sopor o de obnubilación, sensación de vértigo y zumbido en los oídos, dolor de cabeza, fatiga, enrojecimiento de la piel con picazón y sensación de calor, generalmente en el abdomen y la cara interna de brazos y piernas, déficit de agudeza visual con visión borrosa, dolores de localización variable que se presentan en forma de hinchazón, calambres musculares o dolores articulares y/o erección de folículos pilosos (piel de gallina).


El corte de digestión no existe como tal. Es decir, no podemos obviar que haya gente que muera en playas, pero no es un corte de digestión lo que ocurre (pese a que puedan aparecer vómitos, la digestión suele seguir funcionando) lo que ocurre realmente es el síndrome de hidrocución (explicado anteriormente)

El corte de digestión realmente, se trata de un cambio de temperatura y no tiene que ver tanto con la comida, como se puede pensar.
Cuando "hacemos la digestión" el estómago recibe los alimentos, segrega enzimas que los degradan y va haciendo una mezcla de todo gracias al importante componente muscular que posee. Cuando ha terminado, el contenido del estómago se vacía en el intestino delgado. Durante todo este proceso, el estómago necesita gran cantidad de oxígeno, que no tiene otro remedio que tomarlo de los vasos sanguíneos.
Por esa razón, cuando estamos haciendo la digestión, los vasos del aparato digestivo se dilatan, para favorecer el proceso. Como consecuencia de ello, otras zonas del cuerpo, como puede ser el cerebro, reciben una cantidad menor de sangre. No es casualidad que tras comidas copiosas nos entre sueño.

En boca del Dr. Enrique Domíguez Muñoz, presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) quedaría explicado como:
"Ese cambio térmico brusco produce una reacción cardiovascular con una disminución de la frecuencia cardiaca que puede hacer que la persona que la padece sienta náuseas, a veces vómitos, se maree e incluso pierda el conocimiento. Esto, científicamente, se llama síncope de hidrocución”.

El riesgo de padecerlo es independiente de la edad. Incluso la gravedad de este cuadro es más elevado en personas de edad avanzada o con problemas de corazón.

El corte de digestión es más probable cuando la temperatura del agua es especialmente baja o cuando la del cuerpo es especialmente alta. Ocurre, principalmente, en días muy calurosos y con el agua muy fría, siendo más frecuentes en los lugares en los que el agua está muy fría, como pozas o piscinas de la sierra".

Por tanto, el corte de digestión es más probable que ocurra después de hacer ejercicio físico o tras una larga exposición al sol.

Este cuadro tiene que ver con un cambio de temperatura y no tanto con la comida. El proceso de digestión puede llegar a durar hasta cuatro horas, por lo que a pesar de meterte en el agua, el proceso de digestión sigue su curso. Es cierto que si las comidas son más copiosas, el proceso de digestión puede ser aún más largo. Por tanto, se recomienda siempre entrar en el agua poco a poco, mojándose primero la cabeza. "Nunca hay que tirarse de golpe", sería un buen consejo.
Es más probable que después de comer pueda producirse un corte de digestión, ya que después de la comida la sangre se acumula en el aparato digestivo y llega menos sangre a las otras partes del cuerpo, como el cerebro, por lo que en este contexto, es más fácil que un cambio brusco de temperatura y la reacción cardiovascular que conlleva produzcan mareo o pérdida de conocimiento

Por otro lado, las pediatras del Hospital 12 de Octubre, afirman que la peor situación para los niños es si acaban de comer y el proceso de la digestión está en marcha. Por eso ellas sí recomiendan, para los más pequeños, desde que terminan de comer hasta que se bañen esperar 1,5 o dos horas, pero afirman del mismo modo que aunque no se cumplan estas normas, muchas veces no pasa nada.

Recomendaciones de utilidad:
-       que los niños no permanezcan directamente al sol durante mucho tiempo, que se pongan siempre gorros y que estén a la sombra durante y después de las comidas.
-       entrar poco a poco en contacto con el agua e ir mojando el cuerpo progresivamente y sobre todo la cabeza antes de zambullirse. Si a pesar de todo comienza a sentir mareo, visión borrosa o náuseas, no corra riesgos innecesarios y salga inmediatamente del agua.

Borja, como te “ajogues” te mato.

termínate primero el melón,

y luego las tres horas de la digestión,

hay que ver qué mal rato,

pero el niño no me quiere comer,

Borja, corazón,

te lo he dicho cienes y cienes
 de veces,
dobla esa toalla,

¡Qué hartura de playa!

pero mi marío quiere Benidorm,

sa jodío, si tonto no es.

Como el pobre mío

se queda en Madrid,

pa cargar las pilas

su cena en Manila,

su copa en Pachá,

Como te digo una “co” te digo la “o”