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jueves, 16 de febrero de 2012

Película de terror con final inesperado

Esta entrada no sigue el canon de las precesoras; no encontrarás palabras bonitas, metáforas teñidas de esperanza y buenas obras. Esta es una entrada terapeútica de desahogo personal, mi folio en blanco para escribir lo que durante el día ha tenido en stand-by y que de alguna manera necesito vociferar aunque sea con palabras mudas.

No soy un ciudadano ejemplar: seguramente alguna noche habré montado un numerito espoleado por la pasajera deshinibición del alcohol; haya asaltado fuentes en la celebración de algún título de fútbol, haya aparcado en doble fila; me haya sido imposible imponerme a la batalla con la que mi vejiga me haya obligado a desalojar... Pero intento compensar los defectos: pago mis impuestos el primero, respeto al orden público, obedezco la ley como el que más, no robo, no hago bandalismo, cumplo las leyes de tráfico, no tengo ninguna multa en mis 8 años de carnet... 

Curiosa sensación la que tiene uno cuando al ir al coche para coger del maletero la cartera donde guardo mis bártulos para pasar consulta, se encuentra el "regalo" matinal de ver como durante la noche habían reventado la luna del asiento trasero y habían cabalgado como equino sin control por el coche: guantera abierta, papeles tirados, cristales por todo el interior del vehículo, el maletín médico en paradero desconocido y sobre todo la impune sensación de impotencia, la cara de "no puede ser, otra vez no" que se te queda mientras no sabes si reir, llorar, maldecir, contar hasta diez...


La cobardía del más vil anonimato clandestino, tirar la piedra y esconder la mano, huir como una rata de cloaca, dejar en evidencia a la buena madre que te dio la vida. El subidón de adrenalina al golpear con una piedra la luna de un coche mientras esta estalla tu violencia en el impacto. Sé que nunca leerás estas palabras, pero van para ti, esa escoria camuflada entre la manada que pareces cobrar tus frustraciones con el daño hacía lo ajeno.

Respirar, pensar, actuar. Encajar que ese cristal que se desangra en el marco es el tuyo; ir corriendo a tu puesto de trabajo para informar sobre lo sucedido y pedir permiso para ausentarte. Desenfundar el teléfono a horas prematuras para empezar a mover hilos. Hablar con tu seguro que siempre tan bien se ha portado contigo cuando lo has necesitado; solicitar los talleres concertados; localizar la comisaría de policía más cercana. Ir y venir sin rumbo fijo. Poner lo que crees una denuncia estéril; dejar el coche en comisaría mientras le toman huellas. Hacer gestiones para subsanar el robo de tu equipo médico ya que se han llevado consigo el fonendoscopio entre otras cosas. Concertar cita para el taller. Recoger el vehículo. Hablar con tu familia que en la distancia parece buscar contigo explicaciones y culpables. Intentar aún a riesgo de cortarte, quitar el grueso de cristales que inundan el interior del vehículo. Comer con el estómago encogido más que nada por impotencia. Ir a primera hora al taller. Recibir la rocambolesca llamada de teléfono de mi madre después de que el Ayuntamiento a través del distrito sanitario de Málaga diera con el teléfono de mi casa de Úbeda para informarle que mi cartera con mis cosas había aparecido y que podía pasar a recogerla al Ayuntamiento. Sentir por fin el roce de la cartera de cuero sobre mi hombre, desempolvar su interior manchado de arena, pisadas y barro y ver como tan sólo se han llevado dos bolígrafos, un pendrive y una lámpara para ver los reflejos pupilares. Comprobar que la bata, aunque mal doblada y sucia sigue allí, que al fonendo parecen no haberle dado la utilidad ni el precio que tiene, que los papeles de un trabajo que estoy haciendo, aunque algo rotos permanecen intactos, que el libro que estoy leyendo (que paradójicamente se llama Valiente) continúa con el marca-hojas por donde lo había leído y aún no comprender como ni las gafas, ni el GPS ni la compra de Ikea que hice el sábado que estaba en el maletero habían sido tocadas.

Son las 17:50h y esta película de terror en la que el malo no se ha quitado en ningún momento la careta ha tenido un inesperado final feliz. Gracias a la policía por haber encontrado el maletín; gracias a mi primo por las gestiones del seguro; gracias a mi familia por las llamadas desde la distancia; gracias a la gente que a lo largo del día, irónica o seriamente se han preocupado...pero sobre todo gracias a ese ángel de la guarda que parece seguirme: que fue capaz de que me devolvieran el iPhone que en el trayecto saliente de una guardia me dejé en el bus urbano, o el mismo que vio e hizo que un ciudadano apuntara la matrícula de aquella furgoneta que se estrelló contra mi coche y se daba a la fuga mientras yo pasaba consulta en el Rincón de la Victoria

Es tarde, ha sido un día duro y mañana tengo guardia. Pero esta película de terror ha terminado por dibujar una pequeña sonrisa con la que me voy a la cama. Buenas noches


8 comentarios:

  1. Fernando Arias Sánchez16 de febrero de 2012, 1:29

    Bueno cerbatana por lo menos has podido recuperar todo eso!! Algun dia no habra paz para los malvados...

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  2. Sólo 2 cosas:
    Bien por la vuelta que le has dado a la situación...por el buen final!
    y... a mí me pasó lo mismo, casi exacto, así que conozco perfectamente la sensación...
    Un abrazo!

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    Respuestas
    1. Paciencia que es la madre de toda ciencia. Hoy por ti mañana por mi...
      Un abrazo

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  3. dese luego tu angel de la guarda los tiene como el caballo de Espartero....

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  4. Sonia Torrecillas Almansa17 de febrero de 2012, 21:43

    lo tuyo es muy fuerte...

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  5. Primo despues de toda esta putada cosiderate afortunado,a mi despues de rebentarme la lunu , perder toda mi documentacion,250 euros que recientemente seque para pagar una deuda la poli no se acarco al coche por si se cortaban con los cristales.pero esta superado

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  6. Feca lo que no te pase hijo!!!!ayyy menos mal que la cosa ha salido bien, tienes una flor en el culo!

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  7. Joer qué mala suerte, pero bueno, por lo menos no ha salido la cosa demasiado mal.

    Yo estoy pensando en llevar un maletín como tú. Lo voy a llenar de dinamita, y cuando algún hijoputa me lo robe, espero a la explosión pa ir a buscar mis cosas. xDDD

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