Hundido,
derrotado, humillado…faltaban 25 kilómetros para completar la hazaña, 25 kms de
llano recorriendo la Costa hasta llegar a mi casa, pero la rodilla que llevaba
un día avisando hacía tiempo que había dicho basta. Allí estaba yo, mitad
ciclista, mitad derrotado esperando a que vinieran a por mi a Chilches.
Faltaban 25 kms para completar el reto de hacer Úbeda-Málaga en bicicleta, la
enésima hazaña en busca del nuevo límite que me había marcado a modo de
autosuperación personal. Dos días pedaleando durante los 250 kms que separan mi
casa natal de mi casa de adopción: subiendo puertos de montaña jamás imaginados,
descendiendo a ritmo vertiginoso, hidratándote y comiendo en mitad de cada
puerto de montaña en el que crees desfallecer, viéndote sorprendido por la
lluvia que hace acto de presencia en un día veraniego de sol sin protección. Yo
que en mi infancia siempre fue tan limitado en los deportes físicos, que de
pequeño cuando cogía la bici era incapaz de completar los menos de 10 kms que
separaban Úbeda de Baeza, y que de repente, me veía con fuerzas y rozaba la
hazaña personal de completar Úbeda-Málaga.
Una
primera etapa con pendientes kilométricas hasta llegar a Granada, inmersa en
sus Cruces de Mayo que ya no son lo que fueron. Una segunda etapa rompepiernas
con dos grandes puertos encadenados para terminar en un abrupto descenso y en
un paseo que se hizo infernal a nivel del mar.
La
sensación de que tu cuerpo te manda señales. De que empiezas no pudiéndote
levantar de la bici, amparándote en el plato pequeño en cada cuesta ante la
imposibilidad de coger impulso. El dolor que va a más, que se hace constante y
que ya incluso te acompaña pedaleando sentado, en el llano, en cada golpe de
pedal. El dolor que va venciendo a la ilusión de completar la gesta, que te va
haciendo mella, que hace que cada kilómetro sea una tortura infernal sin fin.
Esa sensación de fracaso que te hace bajarte de la bicicleta ante el temor
inminente de romperte y que te hace desesperar ante el próximo reto que será
justo en una semana en el 101 de Ronda para el que intuyes que no llegarás…
El
dolor de la derrota, de la decepción…pero también el adictivo dolor del
sufrimiento que te ha hecho disfrutar durante estos dos días de hazaña personal
acompañado de dos fenómenos como Óscar y Antonio, con los que poco más que
hacer la goma podías para mantener su porte de ciclistas consumados. El verte
capaz de conseguir un hasta la fecha, imposible. Recorrer kilómetros, sierras,
paisajes y pueblos que jamás creíste poder visitar. El sentirte libre sobre la
bici, con el viento de cara, escalando puertos de montaña tan altos, que al coronarlos
y mirar atrás, dan vértigo ante la pendiente vencida en cada pedalada sufrida
que te hace disfrutar de ese sufrimiento a dos ruedas..
Efectivamente,
mientras esperaba en la parada de autobús de Chilches a que vinieran a
recogerme, me sentía vencido, derrotado, humillado. Han pasado ya 48 horas y la
rodilla me sigue doliendo igual. He tenido mi primera sesión de fisio, he hecho
reposo, pero la rodilla izquierda me sigue lanzando avisos demasiado sonoros….Tengo la
desagradable premonición de que no voy a llegar para el 101 de Ronda…algunos me
llaman loco, otros inconsciente, otros irresponsable…yo me llamo un poco de
todo lo anterior, pero pese al sufrimiento por el dolor, y la incertidumbre de
saber si podré disputar o no el reto de los retos del 101, dibujo en mi rostro
una leve sonrisa cada vez que recuerdo estos dos días sobre la bicicleta en el
intento desesperado de vencer los límites.
“Cómo
conoceremos nuestros límites sino tratamos de superarlos”