Ser médico lleva su tiempo...Aventuras y desventuras en la "noble" tarea de hacerse médico. Actualmente R4 de MFyC de Málaga. Nadie dijo que iba a ser fácil, pero al menos sí gratificante. Bienvenidos a vuestra casa, mi hogar
jueves, 21 de febrero de 2013
Stop Deshaucios
lunes, 24 de octubre de 2011
Pacientes que marcan...
miércoles, 11 de mayo de 2011
Historia de una foto
La grandeza de las fotos es que cada una guarda tras de sí una historia que tan sólo unos pocos conocen. Un primer beso, un amanecer, una bella puesta de sol, un brindis al aire… Retratos que inmortalizan una situación trasversal que los protagonistas de la instantánea le dan el sentido longitudinal que le cargan de magnetismo tras el disparo del flash.
La foto que encabeza esta entrada puede no decirte nada pero tiene su historia tras de sí. Una historia de un año de evolución, el periodo que llevamos sin surcar Málaga a lomos de la ambulancia tras una decisión en bloque del equipo que formamos la Familia. Los residentes sin uniforme: camisetas de quirófano en verano, bata y encima un abrigo en invierno que por fin ven escuchadas sus peticiones a modo de equipamiento oportuno para desarrollar nuestro trabajo.
Hará falta domesticar el uniforme que como se ve en la foto aún está rígido. Está recién entregado y aún no ha faenado en las noches de ambulancia, esas guardias en las que la sirena rompe el silencio de una ciudad que duerme mientras hay gente que sufre o demanda el servicio sanitario. Con la llegada de Junio volveremos a retomar nuestro puesto, preparados, ilusionados… y por fin, uniformados
POSDATA: la unión hace la fuerza (aunque con un año de retraso)
domingo, 11 de octubre de 2009
Adrenalina
Trabajar cuando el resto de la ciudadanía está disfrutando del ocio es duro, y mucho más si lo que se trae entre manos es la Feria de Málaga. Aunque a parte del descanso que se le da al bolsillo, mientras se trabaja uno puede hacer una visión global de lo que son las ferias, y toda la maquinaria orquestada que hay alrededor de ellas.
La ambulancia no es exactamente el frenesí que uno esperaba. Estamos acostumbrados a que la TV nos meta por los ojos la llegada fulgurante de la Ambulancia de turno, con el estruendo de la sirena y las luces, y en verdad es un servicio algo más descafeinado, en el que la mayoría de la “clientela” son personas mayores, que se encuentran solos y a los que en las largas noches, el miedo les viene a visitar. Enfermos pluripatológicos con fiebre, mocos, síntomas varios, en los que el principal padecimiento es el miedo a la soledad, a caer en el olvido.
Pero entre tanta rutina de avisos con poca acción, la Ambulancia, en plena noche de Feria me dio una oportunidad para sentir
me actor por unos momentos, una situación para que la adrenalina se disparara. Casualidades de la vida, hay gente que parece que lleva un ángel a su lado en todo momento. Mientras volvíamos a nuestro refugio tras un aviso de unos vértigos, en sentido contrario vimos una humareda y una moto salir por los aires. Ese caprichoso juego que es el destino, parecía querer que la Ambulancia estuviera justo en ese momento, en el lugar y a la hora precisa. Tras un cambio de sentido frenético, tras saltar el adoquinado que separaba ambos sentidos de unas de las arterias circulatorias de Málaga, tirado en el suelo se encontraba un ciudadano, sin conciencia, sangrando por nariz y boca, y con una pierna sugerente de fracturas varias. Nunca me había preguntado cómo actuar ante una situación de estas, ni estoy seguro de cómo reaccione, pero lo cierto es que recuerdo la intensa sudoración y que sin saber exactamente lo que hacer hasta recuperar la calma, me sumé al trabajo de equipo de enfermera, el otro médico y conductor (una figura clave que no se limita a guiar la Ambulancia por las caóticas calles de Málaga). Coger una vía, inmovilizar, intubar, quitar el casco… minutos de tensión en los que no sabes si la persona que tienes entre manos saldrá adelante; agobio y presión, ante la mirada de viandantes curiosos que se arremolinan ante el espectáculo gratuito y morboso que se les brinda, ante coches que hacen tapón para ser testigos de primera mano, que el hombre que yace en el suelo es el dueño de una moto que se encuentra metros más adelante, echando humo y destrozada.
La sirena rompía el silencio de la madrugada, y las luces de la ambulancia ondeaban cortando el viento, de camino directamente a la Observación del Carlos Haya. Un camino en el que quizás por ese ángel que parece acompañarle, el afortunado motorista empezó a recuperar el sentido, saliendo de ese trance en el que parecía estar anclado, gracias en parte a la medicación y a ese caprichoso destino que le estaba esperando con una de sus malvadas sonrisas
Ni el paciente nos conoce, ni yo recuerdo su nombre, pero lo realmente bonito, es que durante unos minutos, su vida y las nuestras se cruzaron y fueron solo una. Una grata recompensa a las largas horas de estudio hasta llegar a poder asistir sucesos como los de esta noche, a las cosas que he perdido por el duro camino hasta poder empezar a recoger lo cosechado, y es que todo el que espera es porque sabe que la victoria es suya…
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