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martes, 14 de febrero de 2012

El botón del pánico

(9 Febrero ´12)

Es curiosa la sensación camuflada con la que la firme seguridad forjada a base de consultas puede pender de un hilo ante la abrupta ruptura que supone una inesperada amenaza, el verse contra la espada y la pared cuando uno va desprovisto de armadura.

Tras tres años trabajados (esa cifra se redondeará en el ya inminente Mayo), tras cientos de guardias, tras infinidad de consultas de Cupo pasadas, tras miles de pacientes vistos (puede parecer una exageración pero la cifra ya es real); tras historias escuchadas de amenazas y agresiones hacia algún compañero; tras ver varias situaciones tensas que hasta la fecha había conseguido eludir con algo de pericia y mucho de suerte, hoy me ha tocado vivir en primera persona la desagradable sensación de ver como tu base de castillos de arena amenaza con derrumbarse ante el temporal furioso de algún paciente malavenido. 

La interiorización del día a día hace que uno pierda la visión global de las cosas. En noches como esta recuerdo la primera paciente que vi en consulta con su tendinitis del supraespinoso: recuerdo mi temor de hacerlo mal, de no saber qué decir, de no dejar satisfecho al cliente que demanda asistencia. Otoño trae consigo la caída de las hojas ya maduras por el paso de los meses previos; algo similar a lo que ocurre con el paso de guardias, de consultas, de situaciones embarazosas que pasan a ser algo rutinario que consigues ver más como un reto que como un impedimento. 

Pero al final, la liturgia de la consulta es un cara a cara al que nunca puedes faltarle el respeto ni bajar la guardia. Como un torero que planta sus rodillas en el albero a la salida de toriles mientras el animal de turno corre con el ímpetu de una libertad figurada que tiene la oportunidad momentánea de debatir en la corrida. 
Cuando entra un paciente (anónimo o figurado) y cierra la puerta tras de sí te encierras junto a sus problemas y sus expectativas, ya sean reales o figuradas. Problemas que no entienden de razas, ni de zonas necesitadas de transformación social, ni de barrios guapos o feos, de patitos feos o princesas de cuento, ni de hombres ni mujeres, ni de altos ni de bajos, jóvenes o viejos, obesos o delgados, locos o cuerdos, licenciados o analfabetos, de tratamientos psiquiátricos ni de enfermedades indomables...La puerta se cierra y da igual el motivo de la consulta, esos cinco minutos de bis a bis son la cara y la cruz de una misma moneda.

Una consulta con la que los pacientes suelen tener la idea ya forjada de lo que quieren sacar de ella (un tratamiento específico, una derivación a algún especialista de turno, un informe o un parte de baja...), una idea que revolotea en el ecosistema de la consulta, una conducción que empieza a tensarse, unas explicaciones estériles para intentar que escuche quién no quiere ni oír. Estar sentado al lado de tu tutora mientras ella intenta explicar los papeleos a seguir, los escabrosos trámites burocráticos que tontocratizan a una sociedad ya de por sí delirante. Un paciente que no parece psiquátrico-medicado que parece no entender, que empieza a ponerse nervioso, que tensa la cuerda...que empieza a elevar los decibelios de sus argumentos...que comienza a llamar de tú despectivo en vez de usted...que pasa a moverse nervioso en una silla que parece quemarle...que empieza a faltar el respeto hasta finalmente mandar a la mierda. Y es en ese momento cuando uno intenta hacer de bombero y le dice que por favor, en la consulta se habla con respeto. De nada sirvieron los primeros compases en los que de buena manera y ganas le exploré su resfriado o le expliqué el tratamiento que tenía que hacer ya que cuando intenté defender a mi tutora, de nada sirvió lo anterior. Allí estaba él, de pie frente a mí mientras me amenazaba que me iba a partir la cara por hacerme el hombre, que iba a terminar con mi carrera...

Segundos que se hacen minutos, minutos que se anclan hasta parecer siglos. Una alarma que irrumpe y pone fin al ambiente viciado del Centro de Salud tras activar mi tutora el botón del pánico con el que en consultas como en las de mi centro de trabajo en la que la problemática social es el pan nuestro de cada día están instaladas. Pasa un pequeño rato eterno hasta que la seguridad y algún compañero va a tu consulta a modo de rescate y abre la puerta. Instantes de incertidumbre ante la sorpresa de lo desconocido, ante situaciones novedosas con las que uno no sabe cómo actuar hasta que le sucede, y que cuando le sucede no sabe finalmente como actuó realmente.

Yo que no hablé ante no creerme lo que estaba sucediendo, que me entregué ante la realidad que nos había tocado vivir. Que intenté recoger con aplomo las amenazas vertidas mientras un escalofrío recorría mi herido honor. Qué busqué durante minutos la manera en el que las cosas pierden su significado, que intenté buscar razones a la sinrazón, que me puse en lo peor a modo de punzón o cuchillo escondido sacado a relucir en el momento de máxima crispación... pero que finalmente me entregué a modo de consuelo a modo de estadística que me había tocado vivir hasta la fecha. En esta viga en el ojo ajeno que se suplementa por las miles de consultas que he tenido antes con pacientes anónimos, algunos de ellos que me agradecieron mis servicios, que se fueron con una sonrisa, que me dijeron buen servicio o que dibujaron en mí la sensación efímera pero honrosa del trabajo humilde bien hecho.

Hay muchas maneras de aprender pero sin duda ésta, enfrentarte a la realidad, es una de las más efectivas. Seguimos creciendo...


viernes, 17 de junio de 2011

El Noble Arte del Fecaloma

La vida es un final sin fin, un comienzo sin principio. Las primeras veces siempre son recordadas, pero si además se añade un motivo de peso se convierten en batallitas candidatas a ser contadas a las venideras generaciones. Apenas había visto tres pacientes en la guardia y encaramado a la mochila del R mayor que era Tudor; había superado (con más pena que gloria) infinidad de exámenes tipo test en la clásica Facultad de Medicina de Granada, había superado varios exámenes orales; había cantado el Gaudeamus Igitur en el Palacio de Congresos mientras portaba mi beca amarillo mostaza el día de la Graduación; me había enfrentado a esa oposición desquiciante de cinco horas que es el examen MIR en aquella fría tarde granaína; había acudido a clases (me había saltado otras); había pasado horas bajo el flexo de mi piso de estudiante junto a Pedro y López; había firmado mi primer contrato sanitario (atrás quedó la época de mozo de almacén en Carrefour y de camarero en El Roble); había recogido mi primer uniforme; había preparado minuciosamente mi mochila para mi primera guardia la noche de antes; había dormido mal y poco pensando en cómo sería el debut…y de repente descubres que la Medicina siempre está dispuesta a enseñarte cosas que no vienen en los libros ni nadie se molestó en explicarte.

Allí estaba yo, verde como el pijama de quirófano escuchando sin llegar a entender el español parlado por el impetuoso Tudor:


- - Esta señora tiene un fecaloma. Si te da asco salte que voy a empezar


Cuando el tren pasa por tu lado hay dos opciones, dejarlo pasar o subirte. Y cuando es la primera vez uno siempre tiene unas ganas locas de encaramarse a la alta velocidad y ver como el aire te azota la cara mientras surcas caminos de acero.


Así que hay estaba yo, haciendo plena inmersión a las profundidades más recónditas de la Medicina, desimpactando un fecaloma, que puede sonar fonéticamente muy bien pero que en la práctica consiste en introducir tu dedo índice en el ano de cualquier anónimo paciente para extraer manualmente (digitalmente para ser más concretos aunque suene más innovador) todo el contenido fecaloideo que debido a un estreñimiento crónico que casi siempre puede ser un síntoma más de una larga enfermedad venía impidiendo la salida de las heces.


Esa era la particular bienvenida con la que me recibían. Pero tan sólo ha sido la primera de muchas otras. Al principio no encontrabas palabras para explicarle al paciente la “innovadora” técnica que iban a recibir en primera persona. Luego llegas a desdramatizar la liturgia e incluso encuentras palabras que tranquilicen al paciente. Perfeccionas tu técnica, al principio rígido como una alcayata para terminar desarrollando una maestría asombrosa en el dedo índice derecho. Mientras un fétido aroma envuelve el proceso y te abofetea mientras te entregas a una profesión que elegiste para curar grandes infartos, para realizar ultramodernas técnicas, pero sobre todo para intentar dar un consuelo que suelen encontrar este tipo de pacientes, casi siempre oncológicos o abuelos en el estadío final a los que consigues aliviar, dignificar, “curar” y que suelen agradecer durante el resto de sus días el escaso pudor del médico de turno que se encaramó sobre sus nalgas y que con la rudimentaria maquinaria de la que se dispone (guantes o doble guante para evitar desagradables sorpresas y vaselina) poner un punto y seguido al sufrimiento que venían padeciendo.


Bienvenida y despedida ya que en mi última guardia en la puerta de las Urgencias del Carlos Haya, de nuevo dignifiqué la profesión médica con este acto que nos hace humanos, tanto a pacientes como a médicos. La desimpactación digital, el noble arte del fecaloma…


Y es que el ganchito-placa-placa tiene su tirón



Y ahora como viene siendo habitual en este tipo de entradas, toca algo de teoría. A ti como compañero, a ti como paciente, a ti como curioso lector, o a ti como estudiante de Medicina, ya que difícilmente nadie te explicará esto en ningún aula

(Extraído de Fisterra)

Un fecaloma (llamado también fecalito y coprolito, “piedras de heces”), es una acumulación de heces en ano que taponan el flujo normal del tracto intestinal. A veces están pegados a las paredes del intestino y puede ser causado por situaciones que enlentecen el tránsito intestinal: ancianos, estreñimiento por deshidratación, enfermedad de Chagas, enfermedad de Hirschsprung, hipomotilidad intestinal en pacientes oncológicos…

Este tipo de afección puede ser severa e inclusive letal, como sería la ruptura de las paredes del colon, por las agudezas de los fecalomas (perforación estercoral), seguida de septicemia. También un fecolito puede causar una apendicitis aguda.

La localización más frecuente del fecaloma es la ampolla rectal (70% de los casos), seguida por el colon sigmoide y el colon proximal (20% y 10% de los casos respectivamente). El síntoma habitual de sospecha es el estreñimiento, pero en ocasiones puede aparecer como una diarrea por rebosamiento de las heces retenidas proximalmente a la impactación. El diagnóstico se puede realizar mediante el tacto rectal, al palpar una masa fecal endurecida que ocupa la ampolla del recto. Si la impactación fecal es alta la ampolla rectal estará libre de heces, siendo útil realizar en estos casos una radiografía simple de abdomen.

Los fecalomas que se pueden extraer manualmente son aquellos que están situados en la ampolla rectal. Esta técnica está contraindicada en los pacientes con patología anorrectal (hemorroides dolorosas, fisuras, abscesos) o con intervenciones quirúrgicas recientes en la zona.

Preparación del material necesario:

Antes de llevar a cabo cualquier técnica hay que tener preparado el material que se va a emplear, que en este caso consiste en:

Guantes desechables.

Lubricante anestésico hidrosoluble.

Material para el aseo del paciente (toalla, jofaina y jabón).

Un hule o un protector para la cama.

Una cuña o un recipiente para recoger las heces.

Para llevar a cabo la extracción manual de un fecaloma hay que efectuar los siguientes pasos:

Lávese las manos y enfúndese un guante en la mano no dominante y dos guantes en la mano dominante (evita la contaminación si se rompe el guante externo).

Explíquele al paciente el procedimiento y solicite su colaboración.

Ayude al paciente a colocarse en decúbito lateral derecho, con la rodilla izquierda ligeramente flexionada (esta posición sitúa el colon sigmoideo en la parte más alta y facilita la extracción de las heces).

Ponga el hule o el protector bajo las caderas del paciente y exponga solo las nalgas.

Sitúe a mano la cuña o el recipiente donde vaya a depositar las heces.

Vacíe una o dos cánulas de lubricante anestésico hidrosoluble en la ampolla rectal del paciente y espere unos diez minutos a que haga efecto.

Lubrique abundantemente el dedo incide de su mano dominante.

Comuníquele al paciente que va a comenzar el procedimiento. Sugiérale que inspire profundamente y que espire con lentitud, ya que así se promueve la relajación del esfínter anal externo. A continuación indíquele que realice un esfuerzo defecatorio y aproveche ese momento para introducir el dedo índice en el recto (hágalo delicadamente y en dirección al ombligo).

De manera suave, realice movimientos rotatorios con su dedo índice, para así romper el fecaloma.

Con un movimiento de retracción del dedo, extraiga los fragmentos que haya obtenido y deposítelos en la cuña. Repita esta operación varias veces hasta que consiga retirar la mayor cantidad posible de heces, pero tenga en cuenta que:

Es conveniente realizar pequeñas pausas para favorecer tanto el descenso de la masa fecal como el descanso del paciente.

Se debe suspender el procedimiento ante la aparición de sangrado, de dolor anal intenso o de cualquier indicativo de reacción vagal (sudoración, malestar, palidez facial, palpitaciones).

Si el fecaloma es muy grande, se debe valorar la posibilidad de extraerlo en varias sesiones.

Finalizada la extracción, limpie la zona anal, cubra al paciente, retire la cuña y deseche las heces. A continuación, quítese los guantes volviéndolos al revés y deposítelos en el recipiente adecuado.

Proceda nuevamente a lavarse las manos y a enfundarse unos guantes.

Coloque al paciente sobre la cuña o acompáñelo al inodoro (la estimulación digital puede inducir el reflejo de defecación).

Una vez finalizado todo el procedimiento, realice el aseo del paciente.

Consideraciones al procedimiento:

Durante la extracción del fecaloma es importante que el paciente esté relajado y que colabore. Si prevemos que puede presentarse alguna dificultad en este sentido, se puede administrar un sedante de vida media corta (por ejemplo midazolam) treinta minutos antes.

Tras la extracción del fecaloma es conveniente administrar un enema de limpieza, con el fin de extraer el contenido fecal restante. Además, en los días siguientes, se deben de pautar laxantes osmóticos (20-30 g de lactulosa o lactitol diarios por vía oral).


miércoles, 6 de abril de 2011

Aún quedan buenas personas

(4 Abril ´11)

Seguramente conozcáis la sensación que voy a describir a continuación: dolor de cabeza punzante, malestar generalizado, pérdida de memoria, dificultad para encontrar la concentración al día siguiente, nauseas…Puede que estéis pensando en una resaca tras una noche sin freno, mañanas de Ibuprofeno, pero no intentaba describir esa situación, sino la vivida el día después (saliente) de una guardia, sobre todo después de una guardia intensa, dura y complicada como la de ayer lunes en las Urgencias del Carlos Haya.

Hoy martes amanecía en el Hospital tras entregar el relevo a las 9:00h. Con aturdimiento en la cabeza, con la sensación de entumecimiento generalizado, con la sensación de disconfort gástrico tras la combinación que en otras situaciones sería mortal de chucherías, galletas, snacks, coca-cola sin gas, zumo a punto de caducar del frigorífico de la sala de trabajo de las Urgencias… que devoramos sin control en las madrugadas de guardia… Pero con la sensación de haber sobrevivido a una guardia infernal y a una mañana en el Hospital intentando que me firmaran algunas de las fichas de las rotaciones que tengo que entregar próximamente para la evaluación del segundo año de residencia.

Pero por fin y tras más de 28 horas me iba a casa, al medio día, demasiado cansado como para volver andando, entregado al acomodo de un atestado autobús urbano mientras me evadía en el libro que estoy leyendo (Invisible de Paul Auster). Me bajo del bus, llego a casa, me saco las cosas de los bolsillos y un nerviosismo me sacude el cuerpo. Sin saber exactamente el cómo ni el dónde acababa de darme cuenta de que había perdido mi móvil (iPhone 4) con el que tan solo llevaba unos meses y que es un suculento caramelo para cualquier dueño de lo ajeno.

Y es aquí donde emerge la protagonista de esta entrada, que es una lección para el día a día, un ejemplo a seguir. Podría no ponerle nombre, pero su generosidad me ha conquistado. Tras intentar dos veces ponerme en contacto con mi móvil en paradero desconocido (una comunicaba y otra estaba fuera de cobertura), aparecía al otro lado del teléfono la voz de Rosa que me tranquilizaba y me decía que mi teléfono estaba a buen recaudo, que lo había encontrado entre dos asientos del bus urbano, que había intentando buscar en la agenda a algún familiar para ponerse en contacto con él pero que no había obtenido respuesta, que me indicaba que como me quedaba poca batería tomara nota de su teléfono para hacer el intercambio.

Y allí estaba yo, quince minutos después, comprobando como aún quedan bellísimas personas, héroes anónimos que hacen del día a día un pequeño milagro. Hubiera sido muy fácil no contestar, adueñarse del descubrimiento, venderlo a buen precio… pero tan sólo quince minutos después de darme cuenta de mi pérdida ya podía disfrutar del salvapantallas con la foto de mi sobrino disfrazado de niño Jesús, gracias a este tipo de personas que pese a parecer que sufren el mal pandémico de estar en peligro de extinción ponen un rayo de luz con acciones como esta.

Muchísimas gracias Rosa, espero que si alguna vez te pasa algo como a mí encuentres al otro lado la imagen que proyectas en el espejo, y no como decía Hobbes un hombre que es un lobo para el hombre.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Ficho por el Arsenal


(22 Febrero ´11)

Esta mañana un mensaje al móvil rompía la rutina de la consulta de Pediatría en la Palmilla: “enhorabuena por tu fichaje por el Arsenal”.
Intrigado comprobé el enlace que adjuntaba y una sonrisa se dibujó en mi cara ante la noticia de que Jon Toral le “había puesto los cuernos” al Barcelona para irse al Arsenal.
A lo largo del día varios han sido los graciosos que me han felicitad
o por este “adiós” a la Medicina para ganarme el pan jugando al fútbol
En declaraciones a Marca he dejado claro que defienda el escudo que defienda, mi equipo siempre será Fonsa Motor y simpatizante del Real Madrid, pero mientras tanto, y entre paciente y paciente soñaré con jugar junto a Cesc Fábregas

Para los que les gusta estar informados, una serie de links:


martes, 30 de noviembre de 2010

El doloroso día post-resaca

Hoy era fácil saber quién había pasado una buena noche. Se veía una sonrisa especial en todas las tertulias del trabajo, en los mails y mensajes recibidos, en las conversaciones en la cafetería... Ayer fue el clásico de los clásicos, y hoy media España estaba feliz y otra media estábamos destrozados ante la dolorosa exhibición con la que el mundo del fútbol siempre tendrá que estar agradecido al juego de sastre de alto standing que desplegó ayer el Barcelona.

Esta tarde he hecho tres horas de guardia (se las debía a Pino, gracias por el cambio), y nunca he visto tantos pacientes en chándals, de un color salmonado, la indumentaria oficial de los seguidores blaugranas. Ellos con sus esguinces pero radiantemente felices... que coraje!


Aviso para navegantes: (el Madrid nunca se rinde: hemos perdido una batalla, pero no la guerra)

martes, 17 de agosto de 2010

Caso insólito en Urgencias

PODRÍA ESTAR DESCEREBRADO, SEGÚN LOS MÉDICOS
Acude a Urgencias para que pongan orden en su vida
(Publicado el 12 de Agosto de 2010 por Kike García en ElMundoToday)

Después de perder su sexto trabajo en lo que va de año y, a consecuencia de ello, pasarse cinco días ininterrumpidos de borrachera, Andrés Oteiza, de 29 años, ha acudido esta mañana al Hospital Ramón y Cajal de Madrid para que le ayuden a “sentar cabeza”. Los médicos, azorados en un primer momento, le han aconsejado que, para empezar, deje de exigir soluciones a los demás y haga un ejercicio de reflexión para consigo mismo. Admiten, sin embargo, que reconocer el problema es el primer paso.

Oteiza admite que solicitar ayuda a un hospital en casos como el suyo no es común. Sin embargo, cree que su situación es insostenible y requiere un cambio urgente: “Así que vine a Urgencias. Mis amigos no me pueden ayudar porque están tan perdidos como yo y mis padres ya han sufrido bastante. Además, necesitaba que me dieran algo para la resaca”.

Tras mucho insistir, Andrés Oteiza logró ser atentido por el personal de Urgencias. “Vamos a empezar por cosas sencillas, a ver cómo responde su organismo a lo de tener horarios fijos. Por ahora lo que le hemos dicho es que se busque un trabajo a media jornada, de teleoperador o algo, y que por las tardes aproveche para terminar las cuatro o cinco asignaturas de Derecho que dejó colgadas. También le vamos a prohibir asistir a más fiestas de la espuma y a frecuentar las malas compañías”, explica el doctor Belomo Vilia.

A nivel personal, una de las enfermeras (”Una buena chica que puede hacerle mucho bien”, según el doctor Belomo) empezará a salir con Andrés. “Pero tranquilamente, como amigos y a ver qué pasa. Yo no soy como esas con las que suele salir él. Yo busco algo serio, aunque he de reconocer que los tarambanas sin remedio como Andrés me excitan muchísimo, así que no sé si podré enderezarlo”, explica la enfermera.

viernes, 13 de agosto de 2010

Any Doctor in the plain?

(11 Julio ´10)

Diez horas y media de viaje atravesando la árida estepa africana en busca de ese sueño mundial llamado Johannesburgo dan para mucho: música, películas, lectura, síndrome de las piernas inquietas, cenar, desayunar… y es que mientras uno surca el eterno continente del sur una rutina llamada monotonía se adueña de un viaje en post a la gloria sellada con ese derechazo de Iniesta.

Acostumbrados a películas y series americanas, la imagen del médico se vanagloria muchas veces en vano. Este viaje a la capital de Sudáfrica tenía sorpresas para el tándem médico formado por Juampi, Juan José y servidor. Una vez que las luces estaban apagadas, que el estómago había sido engañado con esa tediosa cocina prefabricada de los aviones y cuando la gente se disponía o ya lo conseguía a dormir, una sorpresa a modo de audición sorprendía a la tripulación:

- Any doctor in the plain?

Helleanic Imperial Airways, la compañía en la que volábamos no tenía nadie en su tripulación que hablara español para complicar aún más el embrollo.

Tras mirarnos con resignación, incredulidad y sorpresa los tres sanitarios que copábamos una de las filas del centro del avión decidimos cumplir lo que un día juramos por Hipócrates y acudir a la llamada, donde una pasajera se encontraba mareada. Otra persona ya se encontraba allí, intentando ejercer su profesión, pero al vernos, vio el cielo abierto:

- ¿De qué especialidad sois? - De Familia- respuesta que dejó al hombre más que satisfecho, ya que tras darnos unas palmaditas en la espalda abandonó la aventura diciendo:
- Pues yo soy Oftalmólogo, y como que de medicina me acuerdo más bien de poco

Así que ahí estábamos nosotros, a miles y miles de kilómetros de altura, sin un campamento base por consulta, historiando y tratando a una anónima obnubilada

Pero el viaje se las prometía, ya que no iba a ser la única vez que el silencio de la noche se viera interrumpido:

- Any doctor in the plain?

Ya sonaba a broma barata, pero de nuevo volvía a ser verdad. Una de las azafatas, con un inglés castizo y sin entender ni una palabra en castellano, se retorcía de dolor, mientras el resto de sus compañeros nos atosigaban a preguntas, sobre qué ocurría, si era grave… Tres tripulantes sin bata ni fonendo, tres tripulantes que chapurrearon inglés, tres tripulantes pluriempleados que vivieron un vuelo largo, intenso, pero nada aburrido, y es que nunca se sabe cuándo pueden requerir tu asistencia

Any Doctor?


miércoles, 21 de julio de 2010

Nueva Zelanda, ¿Why not?

En ocasiones, los pacientes son como los huevos Kinders, tienen una sorpresa en su interior. Los hay callados, elocuentes, taciturnos, extrovertidos, y también los hay con acompañantes, que suelen ser familiares y también son dignos de mención.

En una de mis últimas guardias allá por el lejano y laboral Junio (que diferente se ve la vida en plenas vacaciones), la sorpresa venía por este último grupo, y en concreto con la hija de un señor entrado en años. Mujer que rondaba la cuarentena, que tras darle el alta a su padre y explicarle el tratamiento me espetaba un escueto:

- Véngase a trabajar a Nueva Zelanda
- ¿Nueva Zelanda?- mi cara debió hablar porque no hicieron falta más palabras


La hija del paciente resultó ser médica y trabajar desde hace unos años en Nueva Zelanda, según denominó como Médico Rural, lo más parecido a Médico de Atención Primaria (Familia). Un buen sueldo, un nuevo idioma, un país fascinante por descubrir y la posibilidad de hacer un curriculum y crecer como médico pero sobre todo como persona son tentativas a tener en cuenta, sobre todo ante el oscuro futuro que depara el sistema nacional de Sanidad en general, y el Andaluz en particular, con contratos a la baja, de duraciones excesivamente cortas y no en las mejores condiciones si al otro lado de la balanza se pone el hecho de que empezamos a estudiar medicina a los 18 y como muy pronto terminaremos la residencia con 29, acotados por el desamparo de un futuro incierto.

De vez en cuando gusta que te reconozcan tu trabajo, y su ofrecimiento vino tras quedarse “satisfecha” con los servicios prestados con su padre. Me comentó con quién tenía que hablar por si estaba interesado cuando terminara la residencia y dejó una puerta abierta, que hasta entonces no sabía ni que existía

Suena y es una locura, ¿pero qué son uno o dos años en la vida? La vida da muchas vueltas, y quién sabe si una futura parada sea por las antípodas nueva zelandesas


Para que os vayais haciendoros una ideo, os dejo el video del himno nacional con imágenes espectaculares y algo de la historia de un país por el que ya tengo una simpatía especial y que fue, anecdóticamente la única selección invicta en el pasado Mundial




Nueva Zelanda o Nueva Zelandia (New Zealand en inglés, Aotearoa en maorí) es un país de Oceanía que se localiza en el suroeste del Océano Pacífico formado por dos grandes islas, la Isla del Norte y la Isla del Sur, junto a otras islas menores, destacándose entre ellas la Isla Stewart y las Islas Chatham.
Esta nación isleña limita al norte y al este con el Pacífico Sur, al oeste con el Mar de Tasmania y al sur con el Océano Antártico. La Isla del Norte es la más poblada y constituye el núcleo de las actividades comerciales y de negocios, mientras que la Isla del Sur es más rica en majestuosos paisajes y parques naturales. La ciudad principal es Auckland y la capital es Wellington. Otro sitio importante es Queenstown. Nueva Zelanda también incluye a las Islas Cook y Niue, que son autónomas pero se encuentran en libre asociación con este país; también administra Tokelau y tiene un reclamo territorial en la Antártida, llamado Dependencia Ross.
Nueva Zelanda se distingue por su aislamiento geográfico estando separada de Australia por el Mar de Tasmania aproximadamente 2.000 kilómetros (1.250 millas) entre ambos países. Sus vecinos más cercanos hacia el norte son Nueva Caledonia, Fiyi y Tonga. La población es mayoritariamente de origen europeo, sin embargo, los habitantes Maoríes representan una importante minoría. También hay algunas minorías polinesias y asiáticas que son importantes, y se encuentran principalmente en las ciudades.


Nueva Zelanda es un largo y estrecho país de terreno abrupto consistente en la Isla del Norte y la Isla del Sur (además de un pequeño grupo de islas). Cubre una superficie de 166.940 km2 y 1.600 kilómetros de longitud. Posee una longitud un poco mayor a la del Reino Unido. Nueva Zelanda —si se toman como referencia los puntos costeros de sus dos mayores islas— está situada en el Océano Pacífico Sur, aproximadamente 10.400 km al suroeste de Norte América, 8.350 km al oeste de América del Sur, a 2.250 km al sureste de Australia y unos 2.500 km al norte de la Antártida.
La Isla del Norte con sus playas doradas, los ancestrales bosques de kauris, volcanes, áreas termales, y grandes ciudades (entre las que se encuentra Wellington, la capital), es la isla más poblada de las dos. La Isla del Sur con sus montañas nevadas, glaciares, exuberantes bosques nativos, fiordos, es la mayor de las dos, orgullosamente llamada "la tierra principal" por los habitantes de la misma (aunque los habitantes de la Isla del Norte estén en desacuerdo con esto). La pequeña Isla Stewart (1.750 kilómetros cuadrados) un lugar virgen, con sus bosques llenos de pájaros nativos y sus playas paradisíacas, en el lugar más al sur del país, es uno de los lugares más cercanos a la Antártida que el hombre haya llegado jamás. Dentro de la jurisdicción territorial de Nueva Zelanda también se incluyen un grupo pequeño de islas como las Chatham, Kermadec, las Islas Campbell, Auckland, Antípodas, Las Snares, Solander, y las Islas Bounty. Rodeada por el Océano Pacífico Sur en el este y del Mar de Tasmania en el oeste, Nueva Zelanda aparece como un pequeño punto en el globo, a pesar de tener 1.600 kilómetros de longitud, similar en tamaño a las Islas Británicas o a Japón.
Australia, a 2.092 Kilómetros por el noroeste, es el vecino más cercano, y por su relativa proximidad a Nueva Zelanda son a veces confundidos como si fueran el mismo país. ¡Pero cuidado! Llamar australianos a los "Kiwis" ( así se auto llaman los habitantes de Nueva Zelanda) puede hacerles enfadar, Nueva Zelanda es una nación totalmente independiente con gobierno propio. Ya lo dejó escrito en 1897 Mark Twain en su libro Viaje alrededor del mundo, siguiendo el Ecuador (La travesía del Pacífico):
El vulgo imagina que Nueva Zelanda se halla en la vecindad de Australia, o bien del continente asiático, y que se puede acceder a la isla cruzando un puente. No es así. No está cerca de ningún sitio, sino que se yergue, independiente y aislada, en medio de las aguas. Australia es el país más próximo, pero "próximo" no significa colindante. El espacio intermedio es muy ancho.

Geografía física
Nueva Zelanda cuenta con 2 islas principales en Oceanía ubicadas en el Pacífico Sur con centro en aproximadamente 41° S 174° E. Tiene un área total de 268.680 km2 (incluyendo las Islas Antípodas, Auckland, Islas Bounty, Islas Campbell, Islas Chatham, y las Islas Kermadec) siendo ligeramente menor a Italia o Japón y un poco mayor que el Reino Unido.
Nueva Zelanda tiene un total de 15.134 km de costa y cuenta con extensos recursos marinos. Reclama la séptima mayor Zona económica exclusiva del mundo, cubriendo más de 4 millones de km2, más de 15 veces su área terrestre.El país no tiene fronteras terrestres.
La Isla del Sur es la mayor masa terrestre y contiene alrededor de un cuarto de la población de Nueva Zelanda. la isla está dividida longitudinalmente por los Alpes del Sur, cuya cumbre es el Monte Cook o Aoraki con 3.754 msnm. Existen 18 picos que sobrepasan los 3.000 msnm. El lado oriental de la isla es hogar de los Llanuras de Canterbury mientras la costa occidental es famosa por sus abruptas costas, muy alta proporción de bosque nativo, y por los glaciares Fox y Franz Josef.
La Isla del Norte es menos montañosa que la Isla del Sur, pero está marcada por el volcanismo. La mayor montaña de la isla, el Monte Ruapehu (2.797 msnm), es un volcán activo. El Lago Taupo se encuentra cerca del centro de la Isla del Norte y es el mayor lago en superficie del país. El lago yace en una caldera creada después de la mayor erupción en el mundo en los últimos 70.000 años (Erupción Oruanui)


El clima en Nueva Zelanda, sin considerar las distantes islas menores, es básicamente templado fresco a templado cálido; variando de un modo notable según la latitud y la altitud: el suroeste, muy influido por las corrientes frías procedentes de la Antártida y poseedor de las mayores altitudes medias, es una zona templada-fría en donde se encuentran importantes glaciares. Por contrapartida, el extremo norte presenta flora subtropical. El sector occidental, al poseer cordilleras, es más elevado y húmedo que el sector oriental. Las temperaturas medias están entre los 8°C en la Isla del Sur y los 16 °C en la Isla del Norte.[3] Enero y febrero son los meses más cálidos mientras que julio es el más frío. Nueva Zelanda no tiene un gran rango de temperaturas aunque el tiempo puede cambiar repentinamente. Se pueden apreciar condiciones subtropicales en Northland (el extremo norte de la Isla del Norte).
La mayor parte de las áreas del país tienen entre 600 y 1.600 mm de precipitaciones con la mayor cantidad de las lluvias a lo largo de la costa occidental de la Isla del Sur y la menor en la costa oriental de la misma, básicamente en las Llanuras de Canterbury. Christchurch es la ciudad más seca recibiendo unos 640 mm de lluvia al año, mientras que Auckland es la más húmeda, con casi el doble.
El índice UV en Nueva Zelanda puede ser muy alto en algunos lugares y extremo en los momentos más cálidos del año en el norte de la Isla del Norte. Esto se debe en parte a la relativamente baja contaminación del aire en el país, comparado con muchos otros países.
Existen tres factores principales que influyen en el clima de Nueva Zelanda:

* Su ubicación latitudinal donde prevalecen los vientos del oeste.
* Su ambiente oceánico.
* Las montañas, especialmente los Alpes del Sur.



Nueva Zelanda cuenta con una economía desarrollada, moderna y próspera, se estima que el PIB (PPA) de 115,624 millones de dólares (2008). El país cuenta con un relativamente alto nivel de vida y se estima que el PIB per cápita de 27.017 dólares en 2008, comparable a la Europa meridional. Desde el año 2000, Nueva Zelanda ha logrado una mejora sustancial de la media en los ingresos de los hogares. Junto con Australia, en gran parte escapa a la recesión de principios de 2000 que afectó a la mayoría de los demás países occidentales. Sin embargo, el PIB disminuyó en los cuatro trimestres de 2008.
Nueva Zelanda tiene un alto nivel de satisfacción con la vida, medido por las encuestas internacionales, a pesar de tener un menor PIB per cápita que muchos otros países de la OCDE. El país ocupó en 2008 el vigésimo lugar en el Índice de Desarrollo Humano y el decimoquinto en el Índice de calidad de vida mundial de The Economist en 2005. El país se clasificó en primera y quinta posición en el índice de satisfacción global de la prosperidad en 2007 y en el índice de prosperidad del Instituto Legatum. Además, en 2009 en la Encuesta Mercer de calidad de vida, Auckland ocupó el cuarto lugar y Wellington el duodécimo en esta lista mundial.
La fiscalidad en Nueva Zelanda es más liviana que en otros países de la OCDE. Nueva Zelanda es uno de los economías capitalistas de más libre mercado, de acuerdo a los índices de libertad económica.
El sector servicios es el sector más importante en la economía (68,8% del PIB), seguido por la manufactura y la construcción (26,9% del PIB) y los agrícolas y la extracción de materias primas (4,3% del PIB).
Nueva Zelanda es un país que depende en gran medida del libre comercio, en particular en los productos agrícolas. Las exportaciones representan alrededor del 24% de su producción, que es una cifra relativamente alta (alrededor del 50% en el caso de muchos países europeos más pequeños). Esto hace a Nueva Zelanda particularmente vulnerable a los precios internacionales de productos básicos y desaceleraciones económicas mundiales. Sus principales industrias de exportación son la agricultura, la horticultura, la pesca y la silvicultura. Éstas representan aproximadamente la mitad de las exportaciones del país. Sus principales socios comerciales son: Australia (20,5%), EE.UU. (13,1%), Japón (10,3%), China (5,4%)y el Reino Unido (4,9%) (2006). El turismo desempeña un papel importante en la economía de Nueva Zelanda pues aporta $12,8 mil millones, o el 8,9%, a su PIB total y ocupa a casi 200.000 personas a tiempo completo (9,9% de la mano de obra total en Nueva Zelanda) y se espera un incremento del 4% anual cada año hasta 2013 en su número.
El dólar de Nueva Zelanda es la moneda del país. También circula en las Islas Cook, Niue, Tokelau y la Islas Pitcairn. A veces es conocido informalmente como el Kiwi dólar.
A principios de la década de los 70, la adhesión del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea contribuyó a que se produjera un estancamiento de la economía neozelandesa, que tuvo que orientarse hacia los países de América Latina y Japón

viernes, 16 de julio de 2010

Primer regalo (no entregado)

22 Junio ´10

Las Guardias dan para bastante, para mucho diría yo. Anécdotas e historias se suceden con puntual rigurosidad. A todos nos ha pasado algo, o nos han contado, o hemos visto… ser médico en el servicio de Urgencias es como un parapeto, uno tiene que llevar un chubasquero y hacer oídos sordos y poner cara de póker escuche lo que escuche.

Varios compañeros han recibido ya varios “regalos” por parte de pacientes anónimos que agradecen la atención prestada, una tradición que viene de años atrás y que está en desuso. Yo lo más cerca que estuve de tal, fue con una paciente en el Centro Salud, que en plena tarde de estío del verano pasado, volvió a su casa para traerme un Actimel para tener una tarde más llevadera, uno de esos gestos simbólicos que se guardan en ese cajón de sastre de recuerdos que forjan el día a día, donde también hay hueco para esa paciente, que hincando previamente la rodilla y simulando al jurado de “Se llama Copla” ondeaba al aire una cartulina al aire mientras me decía que mi puntuación era de un 10.

Suelen ser bombones, o incluso alguna flor si ha sido una doctora la que ha encandilado al paciente. Pero como había dicho, hasta la fecha, muchos han sido los usuarios de las Urgencias que se habían ido agradeciendo mi actuación, con una expresión muy utilizada “Buen servicio”, pero nadie había certificado las atenciones con un detalle que llevar a casa, que comer o regar. Esa iniciación en el arte del regalo parecía tener las horas contadas. Cuando la noche se echaba, el calor en Málaga se escondía y con ello la gente decide acudir en patrulla a las Urgencias, el padre de un paciente con una gastroenteritis me pillaba por sorpresa:


- Doctor, ¿usted también es como los cardiólogos y no le gusta el Whisky?
Mi cara de asombro debió delatarme
- Si doctor, de esos médicos que dicen que no beben Whisky
- Efectivamente- fue mi respuesta- Yo no bebo Whisky, soy más de Ginebra
- ¿Y cuándo tendrá su próxima guardia?
- Este domingo, ¿por?
- Este domingo me va a ser imposible venir porque estoy de viaje, pero vendré el sábado y me encargaré de que sus compañeros de relevo le entreguen la mejor botella de Ginebra que hay en el mercado


Atónito y a la espera de acontecimientos, llegó la guardia del domingo, y en el relevo, tan sólo me pasaron pacientes pendientes de las pruebas complementarias, pero nada con lo que pasar el mal trago de una dura guardia, pero al menos me queda el detalle no consumado de mi primer regalo no entregado


sábado, 1 de mayo de 2010

¿Me pasan con el jefe de la Guardia?

(1 Mayo ´10)

Como diría Forest Gump, el Civil es como una caja de bombones, nunca sabes con qué te va a sorprender. En una noche de viernes de luna llena relativamente tranquila, en la que tan sólo algunos petardos rompían la calma, el gordo de la traca estaba reservado para la hora límite, esa marca fronteriza de las 4:00h en las que el R1 cede el relevo al R4 y se va a dormir tras una larga jornada. En la pantalla del ordenador aparecía un nuevo paciente a las 3:40: motivo de consulta, Cuerpo Extraño en ojo izquierdo.

Temiendo por la integridad física y ocular, y desbordado por las múltiples peleas y agresiones que venían para ser valorados y acreditados mediante su parte de lesiones correspondiente, era hora de observar ese ojo. Hiperemia conjuntival, con lagrimeo excesivo y dolor ocular, sin apreciación directa de CE alguno, aunque el paciente comentaba tener una astilla. En principio nada por lo que alarmarse, pero pese a ello, decidí consultar con el Oftalmólogo de guardia, ya que mis conocimientos sobre la materia se limitan a conjuntivitis y poco más. Prescaína, Dexketoprofeno, Pomada Oculos epitelizante y tapar el ojo para acudir mañana por la mañana a Urgencias para nueva valoración por Oftalmología fue el tratamiento pautado por teléfono, ante lo que encontré un paciente que decía que no se iba de ninguna de las maneras sin ser visto por el especialista

Tras varias llamadas a tres bandas, éste seguía en su firme decisión de tratar para valoración dentro de 5 horas en Consulta; el paciente por su lado se encontraba empeñado en poner una reclamación; y yo mientras tanto en medio de una disputa telefónica de la que yo era tan sólo la única cabeza visible.

Así que sin comerlo ni beberlo, y a las 5:00h me encontraba hablando con el Jefe de la Guardia (algo así como el ser supremo con el que no es mejor hablar a lo largo de una Guardia) de nuevo vía telefónica, e interceptando entre el oftalmólogo y el paciente, viendo los disparos de un tiroteo que no era el mío pero en el que era el único que se encontraba en el campo de batalla. Tras idas y venidas, tras llamadas varias, tras dimes y diretes, el paciente fue valorado y tratado según había comentado el Oftalmólogo en un principio, y yo me acosté con la amenaza de una reclamación indirecta, y con la sospechosa satisfacción de haber conocido la voz de esa enigmática figura que es el Jefe de Guardia de la que tan sólo los osados o los incautos tienen el honor de haber escuchado.

Si a quién madruga Dios le ayuda, ¿qué pasa con los que se acuestan tarde?


martes, 13 de abril de 2010

Sálvame Deluxe: salgo en la Tv

En una consulta médica puede pasar cualquier cosa. Cada paciente es un mundo, y en la mayoría de las ocasiones ese mundo no viene sólo, por lo que la probabilidad del factor sorpresa suele multiplicarse.

Esta mañana, mientras intentaba vencer al sueño en plena consulta, me veía intimidado por la mirada inquisitiva de la mujer de un paciente que rondaba el medio siglo. Tras terminar el acto médico, pero antes de salir, la mujer se dirige muy seria a mi persona:

- Perdona muchacho, y perdona que te tuteé pero te veo joven
- No pasa nada señora, no se preocupe
- Usted sale en la TV
- ¿En la tele? ¿Yo? Lo siento, pero creo que se equivoca

- En absoluto, estoy segura, y además en Telecinco, en el programa que hay por la tarde

Tras poner cara de admiración por la sorpresa, me entró la risa. Sálvame era el programa (si a eso se le puede llamar programa) elegido para mi gloria televisiva, y según acabo de ver en Internet, mi “hermano gemelo” debe salir entre la terna formada por Jorge Javier, Jimmy Jiménez Arnau y Kiko Hernández

Tras explicarle por activa y por pasiva a la señora que se equivocaba, que no tenía ningún interés en copar la pequeña pantalla, la pareja se marchó de la consulta, aunque la señora seguía en sus trece:

-¡Usted sale en la Tele!



sábado, 12 de diciembre de 2009

Ubetenses por el mundo


En mitad de la guerra uno nunca sabe donde puede encontrar aliados. Uno, siendo de Úbeda nunca caminará solo; vayas donde vayas, estés donde estés, siempre habrá un paisano dispuesto a hablar de Santa María, de brindar con una Alcázar y de comer un ochio, y Málaga no iba a ser la excepción que confirmara la regla.
Cuatro somos los residentes paisanos (Lola, Isa, Lamarca y servidor) que aprendemos a andar lejos de la tierra que nos vio gatear; varias son las caras conocidas que uno se encuentra cuando camina por unas calles que ya empieza a dominar, pero lo más curioso es la gente que te reconoce por tu cara, por un apellido peculiar o por simple azahar en mitad de una guardia de Policlínica atestada de caras anónimas sin nombre ni patria.
No era la primera vez que me sacaban la ciudad de cuna. Una noche, un paciente que esperaba pruebas complementarios me paraba por el pasillo, preguntándome que de dónde era. La cara de póker que se le queda a uno es mayúscula, pero el motivo de la pregunta tenía su explicación. El paciente había leído mi tarjeta acreditativa en la que aparece Dr. Juan Toral, y ante la coincidencia de apellidos paternos y según me explicó ante la dinastía de Torales que hay en los Cerros de Úbeda, radicaba el por qué de una pregunta que desembocó en que teníamos nexos familiares, lejanos, pero en común, una coincidencia que ameniza la rutina de unas duras 24 horas.

Ayer fue otro de esos chispazos de coincidencias. En un día de Urgencias malísimo, donde llegamos a los 350 pacientes, y en una particular caótica tarde donde las trivialidades quedaron a un lado y varios de mis pacientes pasaron a Observación o fueron ingresados a diferentes servicios debido a su delicado estado, y ante el estrés físico y mental que supone el paciente denominado “puro”, uno encuentra un resquicio donde aferrarse para hacer que las anécdotas se impongan a las dificultades de una dura jornada de trabajo. Tras darle el alta a una viejecita de esas encantadoras que muchas veces dan ganas de llevarse a casa, la buena mujer me preguntaba que de dónde era, que mi acento no era de Málaga (pregunta que me hacen con mucha frecuencia debido a ese acento Ubedí que parece ser pedigrí). Ante mi respuesta que de un pueblo de Jaén y su sorpresa inicial ya que ella también resultaba ser de la misma ciudad, venía la siguiente pregunta ¿de qué ciudad? A uno que se le llena la boca al decir Úbeda, se vio sorprendido cuando la mujer, sonrisa en rostro, exclamaba que ella también era de allí, que había dejado su “patria” a los 14 para emigrar a Sevilla, donde se casó y formó una familia que años después se mudaría a la “enemiga” Málaga, para terminar coincidiendo con un paisano desde la lejanía en nuestro particular exilio, para hablar de su pueblo, de la calle que le vio nacer y de los avances que debido a su edad avanzada y a encontrarse a 300kms le han impedido conocer.

Anécdotas acampadas en las trincheras de las Urgencias, entre el reguero de disparos, de sangre que fluye en el fragor de la batalla, coincidencias que sacan una sonrisa entre la responsabilidad y la tensión de un trabajo que asfixia pero no ahoga. Y es que vayas donde vayas, y visto lo visto, nunca caminarás sólo si eres de Úbeda