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martes, 23 de abril de 2013

Recomendando diversión, cultura y arte



De nuevo me disfrazo de Chicote y realizo las recomendaciones periódicas que suelo compartir con vosotros cada vez que hago algo digno de descubrir. Y esta entrada lleva tres en ella, en lo que ha podido definirse como un domingo cargado de placeres ocultos.

Cronológicamente y sin ello significar el orden de las preferencias, os presento la triada de cosas que os recomiendo viváis en primera persona si podéis/queréis/os animáis.


SEGWAY
Es curioso, pero los “guiris” que visitan las ciudades de turno suelen estar mucho más al tanto de las opciones de ocio que ofertan nuestras ciudades de residencia. En ocasiones cuando he ido paseando por el Muelle o por algún paseo marítimo, me he topado con personal de seguridad montado en los vehículos de dos ruedas en los que uno avanza, gira o retrocede en función de la inclinación de su cuerpo. Siempre que se ve eso, uno piensa que tiene que estar bien la experiencia…pero se queda ahí, sin indagar.
Este domingo, la curiosidad fue a más y a modo de regalo disfruté de hora y media de este original medio de transporte, Ataviado con tu casco de seguridad y tu chaleco refractante, uno puede recorrer el casco histórico de Málaga, subir a la Alcazaba y contemplar desde su Mirador la majestuosidad serena de una ciudad que siempre oferta un algo que le de un plus, esquivar a los peatones que abarrotan Calle Larios, Plaza Merced o Constitución, recorrer el Muelle Uno y surcar el Paseo de las Farolas.
Siempre me he considerado poco habilidoso (podría definirme como torpe pero tampoco es plan de autolesionar mi moral), pero quiero quitar las falsas creencias de la gente que por temor a no poder o a no estar a la altura no se atreve a probar el Segway. Por lo tanto, os recomiendo a todos que os animéis y os deis una vuelta en alguna de las muchas opciones que propone la empresa: una hora, hora y media, tour con visita a monumentos y guía que explica la ciudad…

Tras hora y media donde uno se queda satisfecho, relajado y algo eufórico, y tras comer un exquisito bocado Japonés en el Restaurante Asako (bien podría merecerse una nueva recomendación), toca el turno del teatro, así que damas y caballeros, tomen sus asientos, que la obra va a comenzar


UNA BODA FELIZ
Últimamente le estoy cogiendo el gusto a ir al teatro. Es un arte adictivo, lleno de su particular magia sobre las tablas, un arte venido a menos por las nuevas tecnologías y las preferencias de una sociedad que hace que esta particular forma de representación vaya camino del peligro de extinción.

Toda una pena, la gente de mi edad solemos relacionar el teatro con Quique Camoiras, escenas de cabaretes venidas a menos y un tufo de pasado que nos echa para atrás. Si finalmente uno vence a estos prejuicios puede descubrir obras como “Una boda feliz” que no es más que una carcajada continua de dos horas de duración que se hacen muy cortas aunque uno vaya al teatro como fui yo, lleno de preocupaciones, estrés y agobio, convirtiéndose en una terapia que contagia sonrisas y desprende buen rollo. Hace unos meses vi a Agustín Jiménez en “El Apagón” en Madrid, obra que no cumplió las expectativas que llevaba por lo que no hice alusión alguna en el blog, pero debo de reconocer que la obra “Una boda feliz” es un regalo para los sentidos, donde tanto el ya citado Agustín Jiménez, o el televisivo Antonio Garrido, acompañados de Francesc Albiol, Juan Solo y Geline Tyll encadenan con maestría la batuta de la buena dirección que hace Gabriel Olivares.

Una familiar lejana que se muere, una fortuna heredada con una condición, una boda convenida y un sin fin de situaciones hilarantes en torno a todo esto. No voy a entrar en más detalle, tan sólo animar a que lo descubráis en primera persona. Hasta el 28 de Abril está en el Teatro Alameda de Málaga, y luego continuarán con su particular peregrinaje por los teatros españoles. Caviar de alta calidad a precio de grandes superficies.



Pero la secuencia de este poco común domingo no termina aquí. Camino a casa y en pleno Festival de Cine de Málaga, uno se encuentra personalidades en cualquier rincón, bajo el recorrido de la alfombra roja que recorre la ciudad. El ser humano es curioso por naturaleza, ves a un grupo de gente agolpada a las puertas de un hotel y la curiosidad te hace acercarte. Da igual que no conozcas a muchos de los jóvenes actores que van saliendo para montarse en los coches oficiales, tú sigues allí hasta que reconoces a gente como Goya Toledo o José Coronado. En pleno desfile de glamour patrio, alguien que se acerca con su tarjeta de organizador y que te da dos entradas para el estreno de Combustión que será en 20 minutos en el teatro Cervantes. Odio esas películas de coches, carreras, niños guapos y acción, me parecen un engañabobos para hacer caja. Dos días antes había ido al cine y en los traillers anunciaron esta película que tomaba el testigo de “A tres metros sobre el cielo”. Tanto la primera como esta no las había visto ni entraba en mis planes, pero finalmente, somos latinos y uno hace suyo el dicho de “a caballo regalado no le mires el diente”, así que de manera inesperada uno se encuentra en el patio de butacas del Teatro Cervantes a dos filas del mismísimo José Coronado, o de los actores del rodaje, del querido por todos Carlos Jean o entre personalidades de la cultura malagueña como su alcalde que no se pierde una. Y con este introducción a modo de preludio, doy paso a la tercera recomendación

COMBUSTIÓN
El Festival de Cine de Málaga lleva tan solo unos días, pero ya hay una película que ha tomado la pole position entre las preferencias del pública.
En la noche en la que el Festival premiaba la trayectoria, sus actuaciones pero también lo buena gente que es José Coronado, antes de la proyección del film se intercambiaron flores en el escenario tanto amigos como compañeros de profesión, sobre su persona para terminar con un agradecido José Coronado que regaló sonrisas y lágrimas e hizo autocrítica de un país que muy bien resumió en el título de una película, es “una fuga de cerebros”, donde médicos e ingenieros se ven obligados a hacer las maletas, para introducir un alegato al cine español, la fábrica de los sueños que corre peligro de muerte, haciendo partícipes a todos los presentes que sigamos soñando, apoyando a un cine español que jamás ha estado tan bien preparado, ni tan creativo, ni tan técnicamente dotado. La verdad es que el cine español tiene mala crítica. Todos al pensar en él lo hacemos con alguna teta o culo, con algún Torrente casposo o en busca del chiste fácil, o tratando la enésima Guerra Civil que ya está tan
exprimida…pero la verdad es que últimamente al talento de actores que han coronado la Meca del séptimo arte (Antonio Banderas o Javier Bardem), se suman fenómenos que hacen que los brillantes guiones de la joven ornada de directores superprofesionales y cualificados, estén dando películas muy interesantes a los que las taquillas no le son justas del todo, y las subvenciones estatales le dan la espalda.

Y en medio de todo esto, los caballos del motor de Combustión rugen para irrumpir en la realidad social, demostrando una vez más que los tópicos están para ser derribados. Película eminentemente dirigida para un público joven que se enamore de la belleza y el buen cuerpo de unos protagonistas que suben la adrenalina y la temperatura de la sala, al ritmo de la pegadiza banda sonora de Carlos Jean. Un film que sabe llegar a su destino sin descuidar las formas pese a la facilidad con la que este tipo de películas sustentadas en caras guapas y buenos coches suelen perder el hilo argumentar. Un reparto que se amolda a las necesidades de la trama para hacer que la adrenalina no decaiga en ningún momento y dejarle una dulce sensación al espectador cuando se levanta de su butaca.

Casi dos horas de buen cine, o al menos de un gran producto listo para ser un éxito de taquillas si la gente se anima a acudir a las salas de unos cines, cada vez más vacíos

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