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sábado, 6 de noviembre de 2010

Paparazis

Ayer en el Carlos Haya murió Paco Marsó. No me malinterpreten pero sinceramente “me da igual”; pero no lo digo en el sentido déspota que puede aparentar la expresión. Me importa lo mismo que todas las muertes que se producen día a día en mi hospital, siento lo mismo que con un crítico que llega a Observación ya sea por un accidente de tráfico o con un precipitado de un piso de seis plantas de altura cuyo pronóstico es más que incierto.

Esta entrada no es por esta pérdida televisada, sino para la imagen que veía cada mañana cuando llegaba a primera hora al Hospital y veía a “periodistas” acampados en los aledaños del hospital y a equipos de última tecnología esperando captar la “noticia”. Y la estampa me ha dado pena, ya que no veía en esa gente a profesionales formados quizás en las mejores Universidades españolas, ni a Másters realizados en el extranjero, ni brillantes currículums al servicio de la apolillada prensa rosa que tenemos en este particular país llamado España. En ellos veía a buitres a la espera de comerse a una nueva presa, a hienas informativas que se arrastran ante el morbo de noticias como la enfermedad final de Paco Marsó (de cuyos méritos para hacerse famoso ni se ni quiero saber).

Y es que si la atención mediática de este país estaba en el ACV hemorrágica de este paciente, mal vamos. Inmersos en plena crisis, con la soga al cuello, con problemas y más problemas que no encuentran aún soluciones, pero con gente como Belén Esteban para entretener a una sociedad anestesiada ante tanta irrelevancia que ronda la vulgaridad





Y pensar que un día era seguidor de Aquí hay Tomate… así nos va. Descansen en paz

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