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viernes, 13 de agosto de 2010

Any Doctor in the plain?

(11 Julio ´10)

Diez horas y media de viaje atravesando la árida estepa africana en busca de ese sueño mundial llamado Johannesburgo dan para mucho: música, películas, lectura, síndrome de las piernas inquietas, cenar, desayunar… y es que mientras uno surca el eterno continente del sur una rutina llamada monotonía se adueña de un viaje en post a la gloria sellada con ese derechazo de Iniesta.

Acostumbrados a películas y series americanas, la imagen del médico se vanagloria muchas veces en vano. Este viaje a la capital de Sudáfrica tenía sorpresas para el tándem médico formado por Juampi, Juan José y servidor. Una vez que las luces estaban apagadas, que el estómago había sido engañado con esa tediosa cocina prefabricada de los aviones y cuando la gente se disponía o ya lo conseguía a dormir, una sorpresa a modo de audición sorprendía a la tripulación:

- Any doctor in the plain?

Helleanic Imperial Airways, la compañía en la que volábamos no tenía nadie en su tripulación que hablara español para complicar aún más el embrollo.

Tras mirarnos con resignación, incredulidad y sorpresa los tres sanitarios que copábamos una de las filas del centro del avión decidimos cumplir lo que un día juramos por Hipócrates y acudir a la llamada, donde una pasajera se encontraba mareada. Otra persona ya se encontraba allí, intentando ejercer su profesión, pero al vernos, vio el cielo abierto:

- ¿De qué especialidad sois? - De Familia- respuesta que dejó al hombre más que satisfecho, ya que tras darnos unas palmaditas en la espalda abandonó la aventura diciendo:
- Pues yo soy Oftalmólogo, y como que de medicina me acuerdo más bien de poco

Así que ahí estábamos nosotros, a miles y miles de kilómetros de altura, sin un campamento base por consulta, historiando y tratando a una anónima obnubilada

Pero el viaje se las prometía, ya que no iba a ser la única vez que el silencio de la noche se viera interrumpido:

- Any doctor in the plain?

Ya sonaba a broma barata, pero de nuevo volvía a ser verdad. Una de las azafatas, con un inglés castizo y sin entender ni una palabra en castellano, se retorcía de dolor, mientras el resto de sus compañeros nos atosigaban a preguntas, sobre qué ocurría, si era grave… Tres tripulantes sin bata ni fonendo, tres tripulantes que chapurrearon inglés, tres tripulantes pluriempleados que vivieron un vuelo largo, intenso, pero nada aburrido, y es que nunca se sabe cuándo pueden requerir tu asistencia

Any Doctor?


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