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sábado, 7 de agosto de 2010

Primera Guardia de Observación

(6 Agosto 2010)

Del latín metus: MIEDO, según la RAE, la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Miedo, esa desazón que te abraza y te asfixia, que te quita el aire, que te atenaza. Miedo a lo desconocido, al girar la eterna y lúgubre esquina; retos que aún no han empezado y que te hacen temblar, dudar, pensar…

Miedo por el qué vendrá, por el cómo será. Miedo a menos de 24 horas de mi primera guardia de Observación, el centro neurálgico patológico del subsuelo del Carlos Haya, donde los pacientes que acuden a Urgencias se ingresan debido a su gravedad y/o mal pronóstico, los mismos pacientes que los médicos de la puerta no pueden lidiar debido a la patología de base. El siguiente escalón, la siguiente fase de una especialidad, Urgencias, en la que sin duda, el médico más se curte.

El 1 de Junio de hace ya un año, tuve mi primera guardia de Policlínica, y recuerdo el mismo canguelo, el mismo pavor ante lo nuevo que se avecinaba. Dudas sobre si sería capaz de dar la talla, de salir airoso, de enfrentarme a unos pacientes y a mí mismo. El desconocimiento es la raíz de la mayoría de nuestros temores, y el paso del tiempo es la mejor medicina para normalizar los retos que marca la vida. Tras un mes de vacaciones y algún que otro día más sin guardia, retomo el pan nuestro de cada día del Residente a modo de guardias con un morlaco llamado Observación, y como aquel cercano pero ya tan lejano pasado 1 de Junio, el miedo aparece, al acecho como lo haría un buitre ante su inminente presa. Nuevas patologías, nuevos tratamientos, una nueva medicina, una nueva manera de trabajar y la eterna duda de si seré capaz. Metas y más metas que se suceden en post de un final que parece que no llegará nunca porque siempre habrá algo más allá del infinito

Y es que como digo en estos casos, quién no tiene miedo es un loco, y quién trata de superarlo, un valiente. Que así sea…

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