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martes, 18 de octubre de 2011

Tropezar sin caer por el camino


Un sabio de la vida como era mi abuelo solía decirme aquello de “quién tropieza y no cae, adelanta camino
Si hay algo que angustia al ser humano es equivocarse, errar; esa desagradable sensación que se queda como un poso de café cada vez que uno descubre la superficial mentira de un fallo. La equivocación que persigue a los médicos, que los azota, que los somete. Uno que se vanagloria casi sin querer de sus aciertos, de sus pacientes que evolucionan favorablemente, de sus éxitos callados que van forjando una autoestima que parece edificarse sobre unos cimientos quizás no preparados para el fracaso de un error, de un resbalón, de un descuido.


Con cuántos pacientes te habrás equivocado en el diagnóstico al darle el alta en Urgencias; cuántos no habrán mejorado; saber los que han necesitado una nueva consulta; ¿habrá alguna víctima anónima por el camino? Preguntas que a todos tarde o temprano nos llegan a la mente, cuestiones que intentan atormentarnos, castigarnos, asfixiarnos.

Esta noche estas preguntas han venido a mi mente cuando hablando con un compañero del hospital me comentaba un desliz en un tratamiento que prescribí al alta en mi primera guardia tras las vacaciones, donde me confundí de dosis y en vez de pautar SeretideÒ 500 mandé el mismo fármaco pero a dosis pediátricas. Un fallo en principio menor pero a la misma vez adimensional, un toque de atención para no bajar la guardia, para estar siempre alerta, para no caer en la golosa tentación del dejarse llevar, de la errónea sensación de tenerlo casi todo controlado.


Una prueba más de que este camino de aprendizaje no tiene fin, que la meta es tan solo una utopía que en fallos como los conocidos esta noche, se aleja y se hace inalcanzable. Un tropiezo, uno de tantos otros del cual tras perder el centro de gravedad uno tiene que limpiarse las rodillas, desempolvarse el polvo del camino y seguir caminando. Andar, siempre hacia delante mirando hacia atrás para aprender de los errores.

Y es que nadie dijo que esto iba a ser fácil



“El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano”



2 comentarios:

  1. ya te digo...Aprendemos de todo, de nuestro errores y de los errores que companten con nosotros. Gracias

    Pd: revisión por su pediatra...no lo habré dicho veces a la vuelta de pediatría...

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  2. Hay que equivocarse muchas veces para poder acertar cada vez más y es de muy sabios el saber rectificar, aunque no sea a tiempo.Mil besos

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