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sábado, 4 de diciembre de 2010

Me hago Pediatra

(Diciembre-Febrero)

La vida está repleta de pequeños detalles que marcan la diferencia, tan sólo diminutos pasos que separan polos opuestos: norte-sur, amor-odio, dulce-salada…y la Medicina no iba a ser menos. Durante los tres meses que comprenden entre Diciembre y Febrero dejaré de ser el médico que hasta ahora llevaba siendo y me transformaré en un improvisado Pediatra de postín, en plena oleada de diminutos pacientes que llenarán la sala de espera en el frío invierno que tan patológico suele ser para estas edades entre gripes, bronquiolitis, tos, mocos… y madres, padres y abuelas preocupadas por la salud de los reyes de sus casas.

Acostumbrado a lidiar con otro tipo de patologías pero sobre todo con otro tipo de pacientes, los adultos, ese género tan complicado de entender pero que al menos consigo “conducir” en la mayoría de los casos. Y ahora, de golpe, se cierra ese grifo y me encuentro con esos toros miuras que rompen a llorar cuando ven una bata blanca, cuando un detrusor amenaza con visitar sus eritematosas gargantas, que se mueven y no paran quietos, que tan difíciles son de explorar, de entender, de descifrar algo en ese llanto que es la banda sonora de las Urgencias del Materno.

Tres meses para desconectar del frenético día a día del Carlos Haya, de pacientes pluripatológicos entrados en años y abnegados en tratamientos y síntomas para dar paso a estas criaturas angelicales que pese a parecer a mini-hombres/mujeres tan poco comparten con lo que somos con el paso de los años. Tres meses para aprender como niños (nunca mejor dicho), como esponjas y asimilar una patología que quizás no volvamos a ver jamás, de aprender enfermedades, tratamientos, exploraciones y desarrollar destreza ante la nueva clientela. Tres meses para conocer otra manera de trabajar, de organizarse, de compartir la dinámica con unos nuevos adjuntos y residentes. Unas Navidades de por medio que me tocarán vivir entre lágrimas y gritos de niños, una NocheBuena enclaustrado en un hospital “foráneo”. Pero también tres meses para agobiarse y “sufrir”; y es que las Urgencias del Hospital Materno no son cualquier cosa: hay un estudio que asegura que son las Urgencias de España (comprendiendo hasta niños de 14 años) que más consultas reciben al año y sin duda estos tres meses en los que me ha tocado estar son el periodo fetiche para mitificar esta estadística.

Pero bueno, mejor ver el vaso mitad lleno que mitad vacío. Abróchense los cinturones queridos lectores, que empieza una nueva etapa en estas “Memorias de un Residente”. Soy PEDIATRA

(Eduardo y Javier, dos ahijados con los que entrenar)

6 comentarios:

  1. Me encanta cada entrada que haces!! estoy deseando ver tu crecimiento como pediatra, promete muchas anécdotas!!:o)

    Besitos y animo con esas pequeñas grandes personita!!

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  2. Puff... si ya lo he pasado regular en las primeras guardias de SUAP (de 15.00 a 21.00h vemos casi exclusivamente a niños), no me quiero ni imaginar lo que será mi paso por Pediatría xD

    Un truco es llevar depresores o cosas de colores para entretenerlos, y que los tengan los padres en brazos mientras les haces la otoscopia... la orofaringe es lo último que se explora!!

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  3. Jeje, cualquier truquillo será bien recibido!
    Muchas gracias apaña@s!!

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  4. Juan, ahí va un truquillo... Es mejor si para verle la garganta al niño utilizas un depresor! Los detrusores normalmente los toleran mal, por eso de ser un músculo de la vejiga y tal XDXD.

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  5. Yo estoy rotando ahora por Pediatría, y haciendo a la vez las guardias de Pediatría... Ainssssss!!!!!!!

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