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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Inmunodepresión Pediátrica

Nos creíamos invencibles, tan inmunocompetentes como el que más, acudíamos al Hospital Materno desafiando a toda la fauna infecciosa hospitalaria, tan entrenados en esas lides tras combatir durante año y medio en las atestadas Urgencias del Hospital Carlos Haya donde incluso nos enfrentamos hace unos meses a la propagandística gripe A a la que abordamos con la única protección que nos aportaba la deslucida bata tras interminables y numerosas guardias. Pero estábamos equivocados si creíamos que nuestra incursión en el mundo de la Pediatría iba a ser un camino de rosas.

Había rumores, se comentaba en los corrillos de los compañeros que ya habían rotado por el servicio que es una regla no escrita la de resfriarse, coger una faringitis y sufrir en “tus propias carnes“ la desagradable sensación de una diarrea. Pero como decía al principio de la entrada nos creíamos por encima de esos rumores, tan inmunocompetentes, con un sistema inmunitario con tanto anticuerpo generado gracias a tanto paciente que aparte de facilitarte el sueldo con el que subsistir te dota de un contacto con toda la flora infecciosa imaginable.


Pero no han hecho falta ni 10 días para darme cuenta de lo equivocado que estaba. Con tan sólo tres días rotando por las mañanas en las Urgencias…
1) Una desagradable diarrea se encargaba de perturbar la tranquilidad y el ocio de un puente además pasado por agua, mientras unos retorcijones tipo cólico se encargaban definitivamente de tirar por alto el puente en los Cerros
2) Desde hace dos días soy como uno de los pacientes estrella que colapsan las Urgencias del Materno; un manantial de mucosidad nasal que parece esconderse tras la fábrica secreta que no consigo desactivar y que me hace tener una voz metálica de payaso

Falta la faringoamigdalitis y la fiebre para completar un prematuro lote que no ha dado tregua alguna, y que se ha llevado también por medio a Pino, que en solidaridad pasa también más tiempo del normal sobre la taza del escusado. A la espera de recibir con los brazos abiertos a Auxi, la tercera pieza de la recámara enviada como representación del Carlos Haya durante los meses de Diciembre a Febrero

Lo bueno de todo esto, es que con suerte, bichos como el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) o el Rotavirux nos hayan visitado para no volver jamás. Que así sea, pero por si acaso voy a ir localizando una farmacia y acudiré al supermercado para suministrarme papel higiénico y clínex, que a buen seguro, volverán a hacer falta

Y es que definitivamente, la rotación de Pediatría, promete…




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