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lunes, 20 de abril de 2009

Un nuevo reto

“Quién no tiene miedo es un loco, quién lo supera, un valiente”

Miedo, esa perturbación angustiosa del ánimo que sentimos ante un riesgo o daño real y/o imaginario. Miedo ante el temor de ver como el futuro que has intentado construir en tu pasado, amenaza con poner el cartel de cerrado por derribo, de ver como el esfuerzo se escapa por cualquier grieta, como hace el agua cuando se fuga por los resquicios de la imperfección. Ese miedo que se aferra a tu interior, que te pone en alerta y te angustia sin remedio aparente, es lo que siente uno cuando en pleno Paseo del Prado, escucha su nombre por la metálica voz del altavoz, esa sensación que te palpita con más ferocidad cuando entras a una sala fría a modo de corredor de la muerte, donde vas a decidir tus próximos 4 años, y quién sabe si además en ese trayecto de formación, no se llevará consigo parte de tu vida en el intento. Miedo que se agiganta ante el foco que proyecta el listado de las plazas restantes, de ver como parte de tus cábalas ya quedan atrás, de contemplar con impotencia como tus preferencias son borradas de la lista casi sobre la bocina, cómo cada elección de los que te anteceden, son un puñal en tus aspiraciones, cómo el plan prefijado se desangra sin cura ni remedio aparente. Son esos momentos, en los que el pánico parece ganar la batalla, cuando la valentía toma acto de presencia y se reinventa a uno mismo, para terminar imponiéndose en ese duelo bipolar, ya que cuando una puerta se cierra se abre una ventana

Cuando uno escucha su nombre por última vez ya en el interior de la sala, y sube al estrado como lo haría un reo de muerte momentos antes de comparecer por última vez ante el Juez, a uno le viene a la mente todos los buenos recuerdos que se amontonan en su cabeza. Uno recuerda tantas, variadas y buenas amistades surgidas en esa dura formación que muchos llaman Licenciatura de Medicina, pero que ni mucho menos sirve para formar lo que teóricamente somos, o justamente en el momento de la elección certificamos ser. Momentos que prefieres grabar en la retina, guardarlos en el equipaje que te acompañará en tu nuevo reto, en tu nueva ciudad, en el nuevo paso que dar para llegar a esa utópica y lejana meta, y no mancillar en el nuevo sendero que emprendemos, en esa vorágine de obligaciones y responsabilidades que distará mucho de la vida de estudiante, que hará separarte de los conocidos y pondrá tierra de por medio de los inseparables.

Como si de un amor platónico se tratase, Málaga en general y el Carlos Haya en particular consumaron un flechazo guiado más por la cabeza que por el corazón, como antítesis perfecta a una película de amor. Un hospital con solera, nombre y parangón, en una ciudad de sol, costa, turismo, riqueza y variedad que a buen seguro será útil para forjarme a base de cornadas en lo que he decidido ser. Un Médico de Familia maltratado por la opinión pública y por el consumidor en particular que es el punto inicial de ese engranaje oxidado y obsoleto que es el sistema sanitario actual. Una especialidad que se asfixia ante los 5 minutos de consulta por paciente, ante ese Dr. Google que cada uno encuentra en el anonimato de la red, ante el cliente siempre lleva la razón, ante el coto que se sufre a la hora de recetar… ante ese desprestigio en general que le ha hecho descender de la gloria del respeto, a ese casi pecado capital con el que la sociedad actual casi los trata o nos trata (cuesta escribir aún en primera persona)

Dicen que el perdón es la antesala del olvido. Tras pasar ese ramalazo de rabia contenida ante esos estudiantes modélicos que han copado los primeros puestos de mi promoción, ante esos desconocidos que se han adueñado de tu plaza preferida… con dos días de por medio y muchos pensamientos a modo de botes salvavidas, no solo perdono, sino que admiro, a esos gladiadores que han encontrado en el estudio y la dedicación, la recompensa de su esfuerzo, y me han encauzado en una Medicina Familiar de la que espero aprender a conocer el sufrimiento de los demás, para poder hacer un bien a una sociedad tan necesitada de mimos ante el maltrato generalizado que está sufriendo. La Medicina es la ciencia más relativa que existe; una ciencia donde se cumple el axioma de que todos los caminos conducen a Roma, esa Galia centro de un Imperio donde prima por encima de todo, el bienestar del necesitado, de todo aquel que en uno de los actos más bonitos con los que se le puede pagar a un médico (al menos a un inocente aprendiz de tal), pone toda su confianza en manos de un total desconocido para intentar mitigar su dolor, sus penas, y ese miedo compartido, del que de nuevo, seremos capaz de derrocarlo, para decirnos una vez más, que quién no lo tiene es un loco, y quién lo supera, un valiente



“En España el que no va al médico es porque viene de él”

6 comentarios:

  1. Como yo se que eres un "Valiente" seguro que superaras todas las dificultades que te encuentres en tu camino, de deseo muchisima suerte en tu nueva estapa de la vida y veras como no muy tarde seras no uno mas, sino uno de los mejores

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  2. totalmente de acuerdo: UNO DE LOS MEJORES.
    1 besazo primito ;)

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  3. T!!!! Yo no sabía que escribías tan bien!! Yo estoy muy segura de que serás un gran médico, uno de esos valientes que salen a pelear y terminan superándolo todo, principalmente por ser buena persona.

    Besotes y mucho ánimo!!!

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  4. Enhorabuena y suerte en la nueva andadura.

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  5. ENHORABUENA!!!!!
    Tienes razón en lo de que entrabas a una sala que parecía el corredor de la muerte... yo tuve más o menos la misma sensación, que horror de sitio!;)
    Sé que serás muy buen médico...no hay más que ver cómo escribes sobre lo que es la medicina. Seguro que la decisión que has tomado es la acertada. Te deseo toda la suerte del mundo!!

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