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miércoles, 15 de julio de 2009

Un Domingo Cualquiera

(escrito el 5 de Julio de 2009)

Dios creó el Domingo para descansar, o al menos eso se ha dicho, pero en la sombra del anonimato siempre se encuentran esos servicios subordinados al descanso y el bienestar de los demás. Cuando uno piensa en el ocio siempre le viene a la cabeza el sector Servicios, ese gremio que se encarga de nuestro descanso, en el bar, en la discoteca, en las vacaciones, en esos fines de semana de relax y disfrute… un gremio en el que nunca había caído era en el de la sanidad, pero a buen seguro que no se me volverá a pasar por alto, porque la Guardia que tuve este domingo es de esas que no se olvidan.


Cuando uno piensa en las 24 horas de una guardia, le cuesta imaginar que la tensión sea una fiel compañera, pero el ser humano, ese gran desconocido, encuentra en esos límites impensables la motivación para la superación. Este domingo es uno de esos ejemplos, y es que cuesta creer, que uno, recién aterrizado como lo estoy yo, pueda aguantar a una velocidad de crucero un viaje al que se cree que aún tenemos que ir en bicicleta. Era la primera Guardia Oficial en la que me encontraba emancipado del amparo de los R2, pero uno nunca superará sus miedos sino trata de vencerlos. Hoy, en las trincheras de las consultas, mientras me zafaba con el máximo desparpajo que aún mi dilatado desconocimiento me dejaba, uno en ocasiones llegaba a sentirse parte de esa máquina engrasada que es un Hospital de la envergadura del Carlos Haya. En 24 estresantes y muy agobiantes horas, en las que el Servicio se vio desbordado por el aluvión de enfermos que acudieron a la puerta, a un recién llegado le dio para enfrentarse a 32 personas, a sus problemas y sus preocupaciones, para a modo de tirita intentar taponar la herida que mella la flaqueza de la especie humana.


24 horas, con sus 1440 minutos, dan para hacer que un Domingo cualquiera para la mayoría, se convierta en un Domingo inolvidable, en la antítesis de lo esperado, en las prisas, exigencias y obligaciones que se contraponen al día supremo del descanso. 86400 segundos que dan para que uno se inicie en eso de los diagnósticos galénicos y llegue a dar con una diverticulitis, con una agresión, con un conato de sobredosis o con banalidades que para el paciente son lo más importante en el aquí y ahora.


Nadie dijo que iba a ser fácil, ni nadie dijo que un Domingo es un Domingo. Aquí uno come cuando puede, duerme cuando puede, y ante todo se está al servicio de todo aquel que llegue, sea el día que sea, la hora que sea, o la gravedad que padezca, al fin de cuentas es lo que leímos el día de nuestra graduación, el orgullo de un Hipócrates que espera que sus nuevos pupilos crezcan en el fragor de la batalla

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