martes, 26 de mayo de 2009

Amigo Diraya

(escrito 25 mayo de 2009)

Siempre en la vida hay una primera vez para todo. Mi debut como “profesional” sanitario tiene fecha, una tarde calurosa, 25 de Mayo, en esa Málaga de adopción que será como una madre autoritaria que verá como aprendo a caminar, para lo que antes, debo empezar a gatear.
La especialidad de Medicina Familiar es un poco peculiar, ya que en su organización interna difiere bastante del resto de especialidades médicas. En mi caso, los primeros seis meses los haré en el Centro de Salud, y tan sólo acudiré al Hospital (Carlos Haya aunque también el Civil en caso de necesidad) a hacer las tan respetadas y temidas guardias, para lo que antes tenemos que realizar un cursillo de Urgencias para el que aún no estamos citados, así que mientras esperamos, vamos tomando cuerpo a la consulta, a los pacientes, al trato con lo cotidiano, con lo más frecuente, con el día a día.
En mi primera toma de contacto he tenido todos los calificativos posibles de cara a una clientela variopinta que se sucede como un reguero constante a lo largo de las cuatro horas que dura la consulta. Desde el nuevo doctor, al ayudante de la Doctora, al mozo de la consulta, incluso hasta el estudiante de enfermería.

Pero no nos engañemos, me queda mucho para dominar los tempos de la consulta. En mi primer día, la lección era más propia de una clase de Informática que de Medicina, pero todo es necesario para llegar a la meta. No se puede ascender sin dominar las herramientas que se tienen que utilizar, así que el primer paso es dominar el programa informático de las consultas (Diraya), programa útil pero caótico, que en mis primeras horas ya me he puesto los nervios a flor de piel en más de una ocasión. Las consultas necesitan ordenadores más potentes, y sobre todo un soporte de Intranet con más potencia que no se quede colgado con tanta frecuencia y en los momentos más impertinentes, parones que dificultan la relación médico-paciente y que hacen que sea casi imposible cumplir ese ritmo frenético que dictan los 5 minutos que hay para cada paciente, un tiempo que es una más una quimera que una realidad.

Pasito a pasito se llega a la meta; hoy ha sido la primera zancada de muchas, pero lo importante es que ya he empezado a andar. Se llame consulta, paciente o Diraya, lo importante es ponerse. Que suene la música…

Una imagen vale más que mil palabras

Mucho se ha dicho, mucho se ha escrito, mucho se ha contado, sobre la leyenda urbana que se agranda del boca a boca, de los correveidiles de las personas que magnifican historias y las encumbran en mitos. La barriada de Palma Palmilla (esa decisión consensuada conmigo mismo que será el eje de mi formación como Médico de Familia), es uno de esos centros neurálgicos con los que las personas se explayan para difamar lo que han oído de la boca de alguien que ha escuchado algo que le han dicho a un amigo suyo, un centro de rumorología digno de un documental, como hizo a modo de tributo el periodista Joan Serna del programa de Cuatro, Callejeros, una hora de televisión que hace desmerecer aunque no sirva como precedente, que la tan querida televisión sea conocida como la caja tonta














“Lo que para muchos es el infierno para mí es el paraíso”

domingo, 24 de mayo de 2009

Arroz con el Corazón

(escrito el Viernes 22 de mayo de 2009)

La mañana de hoy viernes es otro claro ejemplo del estado permanente de desorientación que vivo, y que por lo que escucho e intuyo, vivimos el resto de los compañeros residentes que hemos asistido religiosamente al Acto de Bienvenida con el que el Carlos Haya quería rendirnos tributo, y de paso intentar quitarnos la venda de los ojos para ver con más claridad el futuro inmediato que ya ha pasado a ser presente.

Las palabras bonitas de los días anteriores han encontrado también su contraposición en la información que nos han dado varios de los “compañeros” exponentes (aunque con treinta años más de experiencia que nosotros). Tras las palabras joviales de dos radiantes estrenadas R2 que con su propia experiencia nos han servido para informarnos de lo que nos espera, llegó el turno de los tecnicismos y formulismos de los escalafones superiores, esas figuras místicas que velándose en esa luz tenue ganan tanto a su paso. Mucho estudio, mucha investigación, muchas guardias y sus correspondientes malos ratos, mucho leer artículos en inglés… en definitiva, horas y horas de una vida que a tenor de lo escuchado se queda reducida a la bata y a un fonendo que amenaza con dejar marca en el cuello.

No quiero decir con todo esto que mi impresión tras abandonar el salón de actos haya sido negativa, ni mucho menos; uno agradece que todo no sean palabras bonitas y palmaditas en la espalda. Sólo las personas informadas se llevan el gato al agua, y siempre es bueno saber lo que nos espera: esa sensación de agobio, de sentirse ajeno a un entorno al que parece que nunca terminarás perteneciendo, muchas horas de caminar por unos pasillos como hombre de los recados, como un buscador de recompensas con lo que poco a poco iremos también formándonos en ese tren en marcha que nos espera pero al que tenemos que subirnos en su continuo avanzar.

Pero si tengo que sintetizar una idea, me quedaré con la que estamos ante los mejores años de nuestra vida: compañerismo, trabajo en equipo, superación personal y sobre todo una metamorfosis que a buen seguro que terminará dando una mariposa alada independiente y autosuficiente gracias a nuestro trabajo y al del prójimo, esa familia que aún desconocemos, pero a la que ya pertenecemos. Y es que en definitiva, aunque ahora mismo no lo creamos, somos unos privilegiados.

Pero los formulismos en este caluroso viernes malagueño, no iban a quedarse en meras palabras. Los tres mosqueteros (aunque predominen las mosqueteras por 2:1), nos desplazamos a nuestro santuario espiritual que será el centro de Salud de Palma Palmilla para asistir invitados gentileza de los R4 a su despedida formativa.

En verdad es inevitable que uno se sienta extraño en un entorno hasta ahora desconocido; demasiados cambios para domar a los sentimientos: una ciudad en la que me pierdo, unas compañeras de viaje diferentes, caras y más caras nuevas, nombres que no consiguen quedarse en la memoria cuando te presentan y que tan solo puedes adornar con una sonrisa que mezcla la alegría y la timidez de entrar en una familia ya formada… demasiado para que uno en los compases iniciales de la Pre-Comida no se llegue a sentir como un mero mueble. Pero como suele ser en estos casos, el paso del tiempo es el mejor amigo, y la timidez con la que entras se transforma en la alegría con la que te marchas de dicho evento, previo llenado de estómago con una exquisita paella que a buen seguro también tiene su cota de influencia y por lo que agradecemos la invitación, ya que cuando llevas un rato con esa gente de todos los colores: mayores y jóvenes venidos de todas partes de España, adjuntos y residentes, médicos, enfermeros o agente de seguridad (una figura imprescindible en éste tipo de Centros), un claro ejemplo de pequeña gran familia en la que hoy, es inevitable que tanto Anabel, Gemma o un servidor nos sintamos como en casa tras culminar un largo embarazo.

Entre anécdotas, experiencias y consejos, uno se da cuenta que vienen años difíciles pero que todo en esta vida tiene solución menos la muerte, y da la casualidad, que nosotros estamos ahí para intentar ser una herramienta, para ser una solución a los problemas de la sociedad y los nuestros propios, ya que a buen seguro, que al final, conseguiremos derrotar a todos los temores que se nos acumulan en estos momentos, en esas metas a corto plazo que creemos que no podremos cruzar jamás.




(ayer y hoy: Isabel Corona, en el centro de la imagen, con sus últimos cuatros residentes: pasado, presente y futuro)

Uno no saca lo mejor que tiene hasta que la exigencia es máxima, y seguro que en estos cuatros años, conseguirán exprimirnos para dar un buen zumo, ese refrescante refrigérido que tanto se agradece en estos días de verano.




(Residentes Centro de Salud Palma Palmilla)

jueves, 21 de mayo de 2009

Papeleos y Trámites varios

Tras filtrear varias veces con el dinero basura de Carrefour, por fin, a los 25, he firmado mi primer “gran” contrato. Y no digo grande por las cuantías ni los ceros que adornan la nómina. Toda la carrera escuchando que si queríamos ser ricos nos habíamos equivocado de carrera, y cuando uno firma el contrato se da cuenta de que los que decían eso sabían de qué hablaban. Entre lo que desgrava Hacienda (por suerte o por desgracia somos todos) y los descuentos que te arañan por varios sitios, uno llega a la conclusión de que las guardias serán fieles amigas en los próximos años. Lo de “gran”, es por esa emoción y ese reconocimiento al trabajo, y también porque no decirlo, la suerte que da el tener algo firmado para cuatro años vista con el llámelo receso económico, crisis o calificativo que desee ponerle a la situación en la que vivimos.

Ayer nos lo dijeron en la reunión inicial: cambien el chip, ya no son estudiantes, son trabajadores, y como tales tienen sus derechos y obligaciones. Pero la verdad, que estos dos días que llevo con mi nuevo rango, aún no han cogido cuerpo. Me paso todo el día de papeleos, reuniones, charlas, presentaciones, actos, bancos,… que la verdad uno no tiene tiempo de hacer un alto en el camino y pensar en lo que se le viene encima. Tan sólo al final de la mañana, cuando he ido a mi nueva casa espiritual que será el Centro de Salud y me han enseñado el Ambulatorio y presentado al personal, he sentido ese vértigo tan propio de lindar con el borde del precipicio, pero bueno, quién no tiene miedo en estas situaciones es un loco, pero quien lo supera un valiente.

Cuando uno ve su cara en la tarjeta que te acredita como Médico Interno Residente que lucirás en ese impoluto conjunto blanco que nos han dado en una bolsa del Corte Inglés, uno se siente modelo de la promoción Primavera-Verano SummerTime: zuecos, pijama, y bata que serán el santo y seña en las horas que vendrán, adquisiciones con las que uno se da cuenta que en verdad, algo ha cambiado en su vida, en la que entramos siendo niños y saldremos siendo hombres.
En semanas vistas vienen cursos de introducción al residente, de Urgencias, el cuadrante de las guardias y el día a día en el Centro de Salud, pero hasta que llegue el momento, vivamos el día a día, y de momento mañana, toca Acto Inaugural a los Residentes en el Carlos Haya, y luego, comida en el Centro de Salud donde nos han invitado a las flamantes incorporaciones en conmemoración a la despedida de las R4 que se van tras terminar su enseñanza. Parece tan lejano, pero qué son cuatro años… seguro que dentro de nada estaré escribiendo que el que paga la comida seré yo, en un adiós que ya ha empezado en el día de hoy. Comienza la cuenta atrás


“La grandeza del sabio es saber ser humilde”

Decisión con decisión

(escrito el 20 de mayo de 2009)

Hay momentos en la vida de una persona en los que hay que tomar decisiones, que por prematuras y sorprendentes pueden parecer erróneas.

Lo inesperado es lo que cambia nuestras vidas. La mañana de este miércoles 20 de Mayo es uno de esos pequeños pasos para la humanidad pero grandes para uno mismo. Tras muchas horas de estudio, tras muchos exámenes, tras un cribado continuo que empezó hace siete años, llegaba el momento de elegir el Centro de Salud donde realizar la residencia, donde uno se forja a base de cornadas y algún que otro disgusto como el médico que ansía ser y por lo que luchará los próximos cuatro años.

En el salón de actos de la Unidad Docente, cuando nos daban la bienvenida y la enhorabuena a los nuevos residentes, uno evoca al recuerdo y te viene a la mente el discurso de bienvenida con el que el Decano de turno nos daba la bienvenida a unos noveles universitarios que mostrábamos en nuestros rostros ilusión y miedos en semejantes proporciones. Siete año después, y pese a ganar en experiencia y algún que otro resbalón, de nuevo nuestras caras reflejaban esa mezcla bipolar y esos nervios de lo nuevo, lo desconocido.
Hace siete años no conocía a muchos de los sentados en el patio de butacas, ni conocía a una Granada que poco a poco terminé por dominar y disfrutar de sus encantos. Hoy, ha llegado el turno de ver nuevas caras y contemplar cómo Málaga es a día de hoy, la gran desconocida, y es que como dice el poeta, caminante no hay camino se hace camino al andar.

Tras la recepción a los 54 médicos internos residentes (MIR), que ahora somos llamados EIR (especialistas internos residentes), que hemos elegido la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria en Málaga, llegó la hora de la verdad. Mis nuevos compañeros de la Zona I de Málaga, la que corresponde al Hospital Carlos Haya, nos reuníamos para elegir el Centro de Salud y el adjunto, ese padre espiritual que debe de ser el espejo en el que mirarse para crecer. El Palo, Miraflores, Palma Palmilla, Puerto de la Torre, Rincón de la Victoria, Trinidad Jesús Cautivo y Victoria, los siete centros ofertados hicieron su particular presentación, intentando venderse al mejor postor. Algunos vendieron sus playas tropicales, su clima envidiable, su tranquilidad y pedigrí, la tranquilidad que da el saber que vas a tener una residencia sosegada y con escasos sobresaltos. Pero nunca se puede subestimar un presentimiento; las mejores verdades se dicen en broma, y llevaba días diciéndoles a mis allegados que iba a adelantar el chupinazo con mi decisión, ya que en mi mente rondaba la idea de elegir una de esas plazas desagradables y poco atrayentes para el público en general. La presentación que hicieron sobre el centro, todos los servicios que en él se ofertan, el ambiente inhóspito de una barriada deprimida y marginal que según me informaron compiten entre los diez barrios más peligrosos del mundo manteniendo un mano a mano con tan ilustres competidores como serían el Bronx de NY y las 3000 Viviendas de Sevilla, y en contra posición, la vitalidad e ilusión que vi en Isabel CORONA (la elegida para hacer la presentación y que además se convertiría en mi adjunta) fueron un canto de sirena irrechazable para alguien que aspira a aprender un oficio. Una cosa es la opinión y otra la decisión; por impopular, se que a la vista de la gente y la familia, mi decisión puede resultar equivocada, o al menos arriesgada, pero más cierto es aquello de quién no arriesga no gana. He preferido vender la idealidad de una residencia perfecta y tranquila por un continuo estado de atención en el que a buen seguro que el que saldré ganando seré yo, ya que dentro de cuatro años, si venzo a mis miedos, dominaré los tempos, y si uno consigue marcar los tempos en la Palma Palmilla, uno ya ha hecho mili suficiente para lidiar con cualquier miura que amenace con envestir. La experiencia es un grado y los errores una fuente de sabiduría, y a buen seguro que con mi decisión con decisión, tendré muchas oportunidades para equivocarme.

A fin de cuentas, las decisiones son solamente el comienzo de algo… y vivir, ya es de por sí, un riesgo constante



“Un hombre a veces encuentra su destino en el camino que emplea para evitarlo”

lunes, 18 de mayo de 2009

Jornada de Reflexión

El 18 de Mayo ha irrumpido en el atronador silencio de la noche. Un día de tantos, que sin embargo, marca un antes y un después en la vida de cualquier aspirante a soñador. Y es que ese día que parecía no llegar jamás se asoma al otro lado de la esquina que por temor, tanto nos cuesta tomar.
Cuando Mayo marque su día 20, todo habrá llegado a su punto final, a esa desconexión para la que tanto nos hemos estado preparando, y que pese a los esfuerzos, ante la que tan desprotegidos nos sentimos. Oficialmente, y contratos firmados en mano, ese día, muchos de “mis lectores”, y ante todo amigos, dejaremos ese status a modo de burbuja que nos ha acompañado durante este trayecto de rosas conocido por Universidad, para entrar en ese mundo despiadado y letal que es el laboral, donde el hombre es un lobo para el hombre como diría Thomas Hobbes. Es en este nuevo periplo que comienzo el miércoles, cuando veré la fiereza de la especie humana, cuando contemplaré el tendón de Aquiles de personas ávidas de éxitos que se amparen en que el fin justifica los medios; cuando comprobaré cuan disperso puede ser el camino que conduzca a la meta, pero también cuando me dé cuenta de las excelentes personas que hay aún por descubrir, de esos héroes anónimos dispuestos siempre a tender la mano, a ceder su aliento, a escuchar y dar consejo… a esa dualidad humana que nos hace ser la especie por antonomasia.
Faltan dos días para oficializar el ascenso académico que tomará mi vida, para que el escalafón R1 tome el testigo del universitario, y en plena madrugada intento visualizar mi pasado para llegar a comprender el futuro. Si hay algo que supera la belleza de un sueño, es la belleza de un recuerdo, y precisamente ahora, pese a las posibles cábalas de lo desconocido, me ha venido a la mente mi etapa de preescolar, cuando la única preocupación era divertirse con los compañeros de clase, algunos de los cuales, se han hecho inseparables para el resto de mis días. Es complicado burlar al olvido, pero ante esos días de eterna sonrisa a los que evoco, me viene al recuerdo uno de los primeros conflictos “académicos”, si de esa forma se puede catalogar el aprender a atarse los cordones. Con melancolía recuerdo los quebraderos de cabeza que suponían para mis no avezadas manos, la labor de dicha actividad, ese borrón en un inmaculado boletín de notas, que veían en ese NM, un borrón ante ese PA generalizado que le indicaba a mis padres que progresaba adecuadamente. Desde pequeño comprendí que siempre habría dificultades en el camino que pondrían a prueba nuestra templanza y que serían retos hacia la superación. No existen los problemas, sino soluciones, y ya con 3 años comprendí que el esfuerzo da sus frutos. Tras intentos varios en burlar a la profesora de turno, tras inventarme las escusas habidas y por haber, tras poner caras de pena y miradas angelicales que escondían mi ignorancia, comprendí que quien tropieza y no cae adelanta camino. Todo resbalón tiene una enseñanza que darnos, y el alto en el camino no es más que un momento de reflexión con uno mismo. Tras mucho esfuerzo y tentativas, superé ese escollo y ese “Necesita Mejorar” se trasformó en un PA que demostró que con empeño y sacrificio no hay nada que se resista, y es que uno siempre tiene que estar dispuesto a abrazar sus sueños.

El miércoles, una ciudad nueva será testigo de mis primeros pasos; de nuevo tocará superar una adversidad, esquivar los numerosos escollos que surgirán en este camino de formación que durará cuatro años llamado Residencia. El temor al fracaso volverá a rondar, acechando como un buitre lo hace ante su presa en el desierto, las fuerzas harán un conato de esfumarse, de volatizarse ante las dudas, ante el desánimo, ante el pensar que uno no está capacitado para curar a un paciente, para soportar esa mochila que pesa como una losa y que se llama responsabilidad, obligaciones, compromiso…
Muchas veces tropezaré, pero seguro que tantas veces me levantaré y seguiré andando, como lo hice ante el reto de aprender a atarme los cordones de los zapatos, como lo hice ante mi primer septiembre poblado de exámenes, como lo he intentado hacer cada vez que ese camino de rosas que es la vida me ha premiado con alguna de sus espinas

El miércoles es ese día, el día tanto tiempo esperado. Nos vemos en el camino…



“Los sueños nunca desaparecen si las personas no los abandonan”

miércoles, 29 de abril de 2009

Momentos y personas para el recuerdo

Valga por delante, que esta entrada tiene poco que ver con el mundo de la Medicina como ente, pero mucho con las personas que la forman y que por lo tanto, para mí, tienen igual o más valor que conceptos, libros y fármacos.
Escribo bajo el influjo de ese recuerdo que a modo de sueño de una noche de verano quedará impregnado en ese subconsciente que almacena de manera quieta los recuerdos que hacen grande la vida de las personas, tras uno de esos altos en el camino a modo de viaje, que te hace ver que la meta no es tal, sino que son las pequeñas cosas que debes andar en el camino lo que hace que la caminata tenga sentido.
Esta entrada en mi púber blog, es una dedicatoria, un guiño, a muchas de las personas que me acompañaron desde mis primeros pasos en la Facultad, también a los que se han unido cuando el trayecto estaba próximo a su parada final, a esos compañeros que han sufrido como yo las penurias de un plan nuevo, desastroso desde un visto de vista organizativo, y muy deficiente en su fondo teórico, esos borregos que han pagado las novatadas continuas de una prestigiosa Facultad de Medicina de Granada que deja tantas luces como sombras, que combina como si de un malabarista en el alambre fuera, genios y personajes que te marcan con sus clases y enseñanzas, con otros pseudónimos profesores que tan sólo deben de servir como el ejemplo que hay que dejar a un lado
Pero sobre todo, esta entrada es una oda en honor a ese maestro que todos tuvimos en la infancia y nos marcó. A esos Don Joaquín y Don Antonio de turno, que lo mismo te hablaban de divisiones que de sujetos y predicados, que alternaban geografía con religión, unos de esos todoterrenos que se han perdido en los especialistas de especialidades con los que se enseña en la actualidad. Y mi Don Joaquín y Don Antonio de la infancia tomó cuerpo de nuevo, con el título de licenciado ya conseguido en la preparación del MIR, en ese genio que se oculta bajo camisas llamativas y trazos de bufón, uno de esos personajes con mayúsculas que te hace querer lo que haces, que convierte en amor lo que antes sólo era desidia y enfermedades y tratamientos varios. Un libro abierto que tiene mucho que enseñar, que sabe y quiere hacerlo. Uno de esos fanáticos empedernidos de su trabajo, de esas personas que es feliz con lo que es y con lo que hace, y que pese a sus magistrales enseñanzas, lo que mejor enseña es lo que no viene en los libros: el respeto hacia una profesión mercantilista y sin escrúpulos a la que él es capaz de abrirte los ojos y hacértela vez como la haría un niño en su más tierna inocencia. Ese genio, tiene nombre y apellidos, ese maestro es Fernando De Teresa.
Que quede claro, que el motivo de lo que escribo no tiene fines lucrativos. Aún no me he adentrado en este mundo, pero ya veo como las industrias farmacéuticas se apilan como buitres en busca de carne fresca a las que poder colocar unos productos corrompidos por los intereses puramente mercantiles. Yo no escribo con segundas intenciones; de hecho, ni siquiera por mi resultado del MIR, ya que me he quedado algo lejos de lo esperado y que me ha hecho tener que abordar las preferencias con las que esperaba trabajar. Simple y llanamente escribo esto porque es mi deseo, hacer patente el respeto y honores que un Maestro de discípulos se merece. Mentiría si dijera que AulaMIR de Granada (hablo sólo de lo que he vivido), es mejor que el resto de academias. Lo ignoro, pero lo sé; todas engañan con números y estadísticas sesgadas que tan sólo demuestran lo que quieren mostrar bajo fines puramente lucrativos. Y al final, todo queda en manos de tu esfuerzo, en lo que estudies, y en la suerte que tengas en ese día de nervios y responsabilidades que es el MIR. Oviedo, CTO,… ninguna te asegura el éxito, ninguna tiene la barita mágica, como tampoco lo tiene AulaMIR. He visto pinchazos mayúsculos en alumnos de todas ellas y crecidas espectaculares como contrapunto. Pero lo que sí estoy convencido, es que al menos, pese a que mi número no lo refleje del todo, he aprendido una de esas lecciones que no tienen precio, y es que he visto y me he dado cuenta del tipo de médico que quiero ser y por el que estudiar esta carrera ha merecido tantos esfuerzos. Un médico cercano al sufrimiento de los demás, humilde pese a poder tener conocimientos amplios, siempre dispuesto a ayudar y a aprender; valores difíciles de encontrar y sobre todo cuando nos creemos que lo tenemos todo y estamos ansiosos por emprender nuestro vuelo de independencia, en esos días en los que muchos olvidan lo que son, de donde vienen, de donde crecieron y de la manera en la que lo hicieron.
He tenido seis meses para darme cuenta de todo ello, pero en Alicante, cuando todo ya estaba cerrado, cuando la gente está entusiasmada por el nuevo rumbo que va a tomar su vida, por ese golpe de timón, en ese fin de semana en tierras alicantinas, he cerciorado que los amores platónicos a veces son verdaderos, y que la cantinela de que la letra con sangre entra quedó atrás, y que se puede aprender en un ambiente distendido, con canciones y coreografías, con compañeros de viaje que se magnifican ante la falta de corsé y que te hacen ver que la vida tiene más sentidos que los esperados

La Real Academia de la Lengua Española define una oda como la composición poética del género lírico en la cual se expresa la admiración exaltada por algo o alguien. Valga este ejemplo para agradecer a compañeros, amigos, hermanos surgidos en el camino, y profesores. Lo decía un anuncio: no es lo que tengo, es lo que soy, y uno no es nadie sin todo aquello que le rodea, a todos vosotros, muchas gracias por compartir vuestras lecciones.

Oda a la Alegría escrita por el poeta Friedrich von Schiller

Alegría, Luz Divina,
del Elíseo dulce lar,
inflamados alleguemos
Diosa, a tu celeste altar.
Une otra vez tu hechizo
a quienes separó el rigor.
Fraterniza el orbe entero
de tus alas al calor.


A quien el azar ha dado
verdadera amistad,
quien consorte dulce halla,
ha sin par felicidad.
En la redondez terrena
suya un alma invocar!
A quien no le fuera dado
sumiríase en pesar!


En el seno de Natura
alegría liba el ser,
su florida vía sigue
males, bienes, por doquier.
Besos, vides, fiel amigo
hasta el morir nos dio;
el deleite, a los gusanos;
y al querube, un gran Dios.

Cual los soles en su vía
magna, juntos! oh! marchad!
y como héroes disfrutad
dicha, triunfos y felicidad!

Abrazaos, oh! millones!
Beso de la Humanidad!
Brinda celestial bondad
Padre a tu séquito sin par
Os postráis, oh! juntos
Ante el Creador Eterno
Busca en el azur, y reina
Sobre el plano etéreo











lunes, 20 de abril de 2009

Un nuevo reto

“Quién no tiene miedo es un loco, quién lo supera, un valiente”

Miedo, esa perturbación angustiosa del ánimo que sentimos ante un riesgo o daño real y/o imaginario. Miedo ante el temor de ver como el futuro que has intentado construir en tu pasado, amenaza con poner el cartel de cerrado por derribo, de ver como el esfuerzo se escapa por cualquier grieta, como hace el agua cuando se fuga por los resquicios de la imperfección. Ese miedo que se aferra a tu interior, que te pone en alerta y te angustia sin remedio aparente, es lo que siente uno cuando en pleno Paseo del Prado, escucha su nombre por la metálica voz del altavoz, esa sensación que te palpita con más ferocidad cuando entras a una sala fría a modo de corredor de la muerte, donde vas a decidir tus próximos 4 años, y quién sabe si además en ese trayecto de formación, no se llevará consigo parte de tu vida en el intento. Miedo que se agiganta ante el foco que proyecta el listado de las plazas restantes, de ver como parte de tus cábalas ya quedan atrás, de contemplar con impotencia como tus preferencias son borradas de la lista casi sobre la bocina, cómo cada elección de los que te anteceden, son un puñal en tus aspiraciones, cómo el plan prefijado se desangra sin cura ni remedio aparente. Son esos momentos, en los que el pánico parece ganar la batalla, cuando la valentía toma acto de presencia y se reinventa a uno mismo, para terminar imponiéndose en ese duelo bipolar, ya que cuando una puerta se cierra se abre una ventana

Cuando uno escucha su nombre por última vez ya en el interior de la sala, y sube al estrado como lo haría un reo de muerte momentos antes de comparecer por última vez ante el Juez, a uno le viene a la mente todos los buenos recuerdos que se amontonan en su cabeza. Uno recuerda tantas, variadas y buenas amistades surgidas en esa dura formación que muchos llaman Licenciatura de Medicina, pero que ni mucho menos sirve para formar lo que teóricamente somos, o justamente en el momento de la elección certificamos ser. Momentos que prefieres grabar en la retina, guardarlos en el equipaje que te acompañará en tu nuevo reto, en tu nueva ciudad, en el nuevo paso que dar para llegar a esa utópica y lejana meta, y no mancillar en el nuevo sendero que emprendemos, en esa vorágine de obligaciones y responsabilidades que distará mucho de la vida de estudiante, que hará separarte de los conocidos y pondrá tierra de por medio de los inseparables.

Como si de un amor platónico se tratase, Málaga en general y el Carlos Haya en particular consumaron un flechazo guiado más por la cabeza que por el corazón, como antítesis perfecta a una película de amor. Un hospital con solera, nombre y parangón, en una ciudad de sol, costa, turismo, riqueza y variedad que a buen seguro será útil para forjarme a base de cornadas en lo que he decidido ser. Un Médico de Familia maltratado por la opinión pública y por el consumidor en particular que es el punto inicial de ese engranaje oxidado y obsoleto que es el sistema sanitario actual. Una especialidad que se asfixia ante los 5 minutos de consulta por paciente, ante ese Dr. Google que cada uno encuentra en el anonimato de la red, ante el cliente siempre lleva la razón, ante el coto que se sufre a la hora de recetar… ante ese desprestigio en general que le ha hecho descender de la gloria del respeto, a ese casi pecado capital con el que la sociedad actual casi los trata o nos trata (cuesta escribir aún en primera persona)

Dicen que el perdón es la antesala del olvido. Tras pasar ese ramalazo de rabia contenida ante esos estudiantes modélicos que han copado los primeros puestos de mi promoción, ante esos desconocidos que se han adueñado de tu plaza preferida… con dos días de por medio y muchos pensamientos a modo de botes salvavidas, no solo perdono, sino que admiro, a esos gladiadores que han encontrado en el estudio y la dedicación, la recompensa de su esfuerzo, y me han encauzado en una Medicina Familiar de la que espero aprender a conocer el sufrimiento de los demás, para poder hacer un bien a una sociedad tan necesitada de mimos ante el maltrato generalizado que está sufriendo. La Medicina es la ciencia más relativa que existe; una ciencia donde se cumple el axioma de que todos los caminos conducen a Roma, esa Galia centro de un Imperio donde prima por encima de todo, el bienestar del necesitado, de todo aquel que en uno de los actos más bonitos con los que se le puede pagar a un médico (al menos a un inocente aprendiz de tal), pone toda su confianza en manos de un total desconocido para intentar mitigar su dolor, sus penas, y ese miedo compartido, del que de nuevo, seremos capaz de derrocarlo, para decirnos una vez más, que quién no lo tiene es un loco, y quién lo supera, un valiente



“En España el que no va al médico es porque viene de él”

jueves, 16 de abril de 2009

El todo o la nada: a 24 horas de la decisión

Han pasado 82 días, y ese mundo que parecía que se detenía, que amenazaba con destruirse, cual apocalipsis se tratara, ha seguido girando, lenta pero continuamente alrededor de su eje gravitacional. Aquel 24 de Enero (de cuyo nombre no quiero acordarme), subía con los nervios propios de un quinceañero que va con mariposas en la barriga en pos de su primera cita, a la Facultad de Farmacia de Granada, a lidiar con ese morlaco, temido y respetado hasta cotas divinas, llamado MIR, de infausto recuerdo y de intensa experiencia, que trajo como consecuencia un examen surrealista de 5 horas de duración y de sabor agridulce, ya que la euforia inicial se transformó en calma aparente, para a medida que los días pasaban, en una pequeña decepción: al final, un puesto mundano que no recoge del todo las semillas que había plantado, pero que espero, sirva para alcanzar las cotas fijadas de antemano, que en definitiva es lo que cuenta, ya que cada uno tiene la meta impuesta por sus propias expectativas, por cumplir sus retos marcados y vencer sus miedos y seguir creciendo en esta dura escuela que es la vida.


En plena madrugada de un lluvioso jueves de una primavera perezosa que aún languidece en su despertar, me encuentro, en plena jornada de reflexión. Toda una vida forjando un sueño, remando para no morir en la orilla. Cuando el viernes 17 de este Abril de 2009 marque las 15 horas, el pasado y el presente se aunarán para empezar a forjar un futuro inmediato, que por desconocido, inquieta y asusta en semejantes proporciones. Sólo una cosa hace que un sueño sea imposible: el miedo a fracasar, así que de nada sirven los lamentos, los rezos ni plegarias varias. Las decisiones son solamente el comienzo de algo, así que cuando la luna empiece a hacer acto de presencia en la noche madrileña, el incógnito T en cuyo anonimato me amparo, pasará a ser R0, para que en el mes que hay de antesala a dar de bruces con la realidad, me amolde y busque un cobijo que tantas y tantas noches me ha hecho pasar en vela, que tantos sufrimientos y quebraderos de cabeza me ha dado y por extensión a una familia, amigos y pareja que sufrieron, sufren y sufrirán para que nunca camine solo.

La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante. Hace siete años decidí soñar despierto y encauzar mis anhelos. Mañana será el día, la elección, el todo o la nada, el éxito o el fracaso. Dos polos opuestos que lejos de atraerse se repelen y que darán paso a la alegría o a la tristeza. Si esa suerte académica esquiva que aún no me ha dotado con su toque mágico me sigue aguardando un lugar en su Olimpo, de la terna compuesta por Oncología, Rehabilitación, Psiquiatría, Geriatría y Familia debería salir el futuro inmediato, la elección que colmaría mis expectativas y que templara unos nervios que afloran a medida que las plazas van menguando y el abanico pliega hojas ante la amenaza de retirada.

Los hombres deben partir para poder volver: destino incierto para empezar a poner los cimientos de una vida, que a medida que los años pasan, se hace más inestable e impredecible. Una vida que sueña, en tiempos oníricos, con no alejarse en demasía de su tierra patria, de un pueblo que me vio nacer y al que algún día volveré. Numerosos viajes de un niño que pensaba ser mayor, que abandonaba cada domingo su casa para hacerse a sí mismo, para construir a la persona que he deseado ser, y que mañana viernes puedo empezar a fabricar

Mañana es el día, en el que el imán terminará decantándose por uno de sus antagónicos polos



“La competencia es larga, pero al final sólo compites contra ti mismo”

miércoles, 15 de abril de 2009

Recetario Inicial

Cordial y atemporal bienvenida lector, y ante todo amigo desde el anonimato del blog que arranca aquí y ahora, y del que espero que te aficiones y fomentes, con tu lectura y con esos comentarios que tanto se agradecen para saber que uno no camina sólo en la aventura que hoy aquí emprendo.

Llevaba tiempo planeando en mi cabeza, la idea de hacer este blog. Tiempo, demasiado, el que se necesita para cursar toda la Enseñanza Obligatoria, el bachillerato, y pasar por la Universidad con más pena que gloria, para poder lidiar con ese temido examen MIR que te encumbra en una falsa cima de la que poco a poco te vas cayendo.

A los 25, consigo llegar a la meta, una meta que no es el premio final, ya que ese obsequio se consigue en el día a día que es la vida, en las relaciones que surgen, en las amistades, en los miedos colectivos, y en esas fobias calladas que tantas horas de sueño roban.

A dos días de subir a Madrid para elegir la especialidad, el destino, y quién sabe si parte de mi futuro inmediato, inauguro este blog donde iré dando cabida a las piedras que surgirán en este camino de formación, en el que espero que la vocación se forje como la arcilla en una alfarería, y de esta metamorfosis salga un buen médico, cercano y accesible.

Que así sea, y que disfrutéis con estas, mis vivencias, nuestra aventura.

Un cordial saludo, del Residente T